Peruanos y extranjeros luchan contra la desnutrición infantil en Urubamba

Voluntarios de Canadá, España, Estados Unidos, Inglaterra, Escocia, así como limeños, llegan a las comunidades más alejadas del Cusco

Peruanos y extranjeros luchan contra la desnutrición infantil en Urubamba

Según la IDI, uno de cada tres niños por departamento todavía tiene anemia. el Presidente Electo Pedro Pablo Kuczynski firmó un compromiso para cobatir la desnutrición crónica infantil durante su mandato. (Foto: Archivo El Comercio)

RALPH ZAPATA

Cusco. Antes de marzo de este año, los niños de la escuela de Cuncani se dormían en clase, bostezaban a menudo y apuraban al profesor para que terminara cuanto antes. Sus notas reflejaban una falta de interés por la lectura y los números. Al llegar a sus casas, después de caminar entre una y dos horas, comían solo papa y maíz, ni un pedacito de carne. Hace cuatro meses arribó a su comunidad un grupo de voluntarios peruanos y extranjeros. Y, con ellos, una buena noticia: llegaron almuerzos escolares para combatir la desnutrición infantil que sufren 64 de los 67 alumnos de Cuncani.

Cuncani es una comunidad ubicada a 3 horas de Urubamba, en el Cusco, y está rodeada por caídas de agua y unos cerros pelados. En ella viven 78 familias que se dedican, básicamente, al cultivo de papa y maíz, y a la crianza de ganado. En ambas labores participan los niños, después de salir de la escuela. En la comunidad no hay desagüe ni señal de celular. La única forma de comunicación es un teléfono público satelital, o caminar dos horas hasta Lares, el pueblo más cercano.

Solo tres niños no sufren de anemia en Cuncani. El resto sí: 64 niños, que este mediodía comen chaufa de quinua, con pollo y espinacas. A la mayoría los intimida la cámara, hasta que entran en confianza y ellos mismos posan, cual modelos de televisión. Cada alumno tiene un padrino, en Lima o Canadá, que les subvenciona su almuerzo anual con US$183 que aportan a la ONG Nexos Voluntarios, una institución peruana que dirige la piurana Maricarmen Valdivieso. El resto del dinero, porque siempre falta, lo aporta la organización no gubernamental.

SEMBRAR ILUSIÓN
Maricarmen Valdivieso tiene una frase de Martin Luther King que, considera, resume la ideología de Nexos: “Quizá venimos todos de barcos diferentes, pero estamos en el mismo bote ahora”. La mayoría de voluntarios que trabajan en comunidades alejadas de Urubamba son de Canadá, España, Estados Unidos, Inglaterra, Escocia y en el caso de los peruanos, de Lima.

A todos los mueve el afán de salvar vidas, pero no como lo hacen los doctores, porque ellos no lo son. Lo hacen luchando contra la muerte, inyectando conocimiento, creando nuevos empleos. Por eso, en la institución educativa 50957 de Yanahuara, el canadiense Lorenzo Tremblay asesora a los alumnos para sembrar sus propios alimentos. Tienen un biohuerto con alcachofas, espinacas, tomate, zanahoria, repollo, coliflor y otras hortalizas que utilizan para preparar los almuerzos diarios. Por la mañana, además, reciben desayunos del programa Qali Warma.

“Todo lo que aquí sembramos no tiene químicos, lo vendemos en la ecoferia de Urubamba para comprar carne y otros productos que usamos en los almuerzos escolares”, dice el voluntario canadiense que orienta a Wilson, de sexto grado. El pequeño vive en Cchaquihuaco, desde donde camina todos los días una hora y media. Los dedos de sus pies exhiben el trajín de la dura caminata.


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