Pobladores de Kepashiato escapan por temor a eventual fuego cruzado

Los habitantes de esa localidad y de caseríos aledaños se dirigen a Quillabamba ante el miedo de que senderistas ataquen de nuevo

Pobladores de Kepashiato escapan por temor a eventual fuego cruzado

RALPH ZAPATA
Corresponsal de El Comercio

Decenas de familias de los centros poblados y caseríos de Echarate, en la provincia de La Convención (Cusco), han huido de la zona de combate entre la policía y los narcoterroristas que mantienen cautivos a 36 trabajadores ligados con el proyecto Camisea. Los humildes pobladores han abandonado sus viviendas y chacras y se han mudado a zonas que creen son más seguras.

Una de ellas es doña Irma Quispe Rivera, quien huye hasta con su perro. Viaja 40 minutos desde Selva Alegre, en el distrito cusqueño de Echarate, en un auto colectivo atiborrado de objetos. Su parada será Kiteni, pues en este lugar, dice, se sentirán más seguros ella y sus tres menores hijos. “Tenemos miedo de estar allá. Mis otros dos hijitos están en Quillabamba. Hemos abandonado mi pueblo porque la gente decía que por allí estaban caminando los terroristas”, cuenta con voz tímida.

El Comercio recorrió ayer la zona de Lagunas, en el distrito de Vilcabamba, donde el último jueves narcoterroristas atacaron un helicóptero de la PNP y mataron a la capitán Nancy Flores. Hasta allí se llegó luego de dos horas de viaje en camioneta. En el lugar había una escuela abandonada y varias casas de madera vacías, donde vivían los nativos de la comunidad de Inkari, de donde procedía el guía Elver Huamán Corinti, quien fue herido durante el ataque.

El viaje hasta Lagunas se realiza desde Kiteni por una trocha carrozable llena de curvas y selva tupida. El éxito del recorrido depende de la pericia del chofer, pues una mala maniobra puede ocasionar un accidente. En el lugar aún hay empaques de rancho frío de los militares, botellas de agua, así como huellas de botas y del descenso de un helicóptero. Todo está rodeado por montañas verdes y espesas, donde solo se distinguen árboles y plantas.

En la selva virgen y montañosa, en la que nos internarnos durante 40 minutos, solo se escuchaba el cantar de los pájaros. No hay casas ni gente. Entonces, comprobamos lo difícil de combatir en la zona. Allí es fácil ser víctima de un francotirador o de una emboscada narcoterrorista.