Puericultorio tiene 300 camas vacías: ley le impide acoger a niños pobres

Solo pueden internarse menores con orden judicial. Titular del Mimdes dice que evalúa cómo revertir esta negativa situación

Reynaldo Zavala tenía 6 años cuando vio morir a su padre y 7 cuando la historia se repitió con su madre. Aún recuerda la mañana de 1922 cuando lo trajeron a Lima, desde su natal Cajamarca, para internarlo en un albergue del Rímac llamado San Vicente.

Estuvo ahí hasta los 15 años, pero su retiro no fue por voluntad propia. Era 9 de marzo de 1930 y acababa de inaugurarse la gran obra del filántropo Augusto Pérez Araníbar: el puericultorio que lleva su nombre. Un local de 108.000 m² destinado a centralizar y acoger a los huérfanos que eran asistidos en otros albergues de Lima. “Ayudé a limpiar los salones y a sacar escombros de la construcción cuando todo empezó”, cuenta Reynaldo, con orgullo.

CAMAS VACÍAS
Hoy el Puericultorio Pérez Araníbar cumple 80 años. Ocho décadas de dar albergue y educación a niños y adolescentes en estado de abandono o que proceden de familias en extrema pobreza. Al menos así fue hasta hace dos años.

El 2008 se publicó la Ley 29174 que restringe las causales de ingreso a aquellos que carezcan de soporte familiar o sean declarados judicialmente en abandono. Ello incluye a niños cuyos padres estén litigando por la custodia o que hayan sido separados de estos por violencia, sean huérfanos, u otro caso que el juez amerite, menos por pobreza.

Antes de que acabara ese año 100 menores tuvieron que ser devueltos a sus madres, tíos o abuelos que los internaron —sin dejar de visitarlos cada semana— debido a que el cáncer, TBC o la falta de un empleo fijo y seis niños a cuestas les impidieran darles comida, un colegio o una almohada. Otro centenar retiró a sus menores, pues temía que declarar a sus niños “judicializados” fuera un paso previo para darlos en adopción.

Hoy se desconoce en qué condiciones vivirán estos pequeños.

“Había un vínculo muy fuerte entre los tutores y el puericultorio, pues dejaban voluntariamente a sus niños a fin de que recibieran lo que su pobreza no les permitía. Ahora es un juzgado quien decide”, reconoce María Elsa de Rossi, directora del puericultorio.

En los pabellones de niños un peluche en la cabecera de la cama es la señal de que un niño la ocupa. Hoy, 300 solitarias almohadas dan señas del efecto que ha tenido esta ley. “Ha habido un error de interpretación de la norma por parte del Inabif, que es el ente normativo de los albergues”, confirma el monseñor Luis Bambarén, colaborador del puericultorio.

DESEO TERGIVERSADO
Felipe Vargas La Rosa tiene 82 años, 12 de los cuales los pasó en el puericultorio tras quedar huérfano de padre. “Yo era muy rebelde. Tanto me portaba mal que cuando don Pérez Araníbar fue de visita me acusaron. Él, en lugar de regañarme, tocó mi cabeza y me abrazó. Sentí el calor paterno que no tenía”, dice Felipe Vargas, quien no duda en señalar que las herramientas de vida que le dieron en el puericultorio le sirvieron para trabajar, viajar, formar una familia y tener nietos que hoy escuchan de su paso por esta institución como si de una aventura se tratase.

Luis Gómez, Ana Berrocal y Ada Prieto, en tanto, añoran los cuidados que les dieron las monjas luego de que fueran internados porque sus familiares optaran por ello en vez de dejarlos vendiendo golosinas en las calles.

Ellos no entienden las restricciones de hoy en el ingreso. Más si el deseo del fundador —registrado en el archivo histórico de El Comercio— fue simple: que el puericultorio sea “un lugar para todos los niños que llamen a su puerta”.

PROMESA PENDIENTE
El puericultorio —con parques, juegos y piscina— alberga a 330 menores de entre 0 a 18 años, quienes acceden a educación primaria, secundaria y oficios técnicos. Hace poco la Climática de Varones fue alquilada por US$144 mil anual a las oficinas del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), entidad que, además, donó US$1 millón para rehabilitar el dañado local. La climática no sé usará más para fiestas o grabaciones, eventos que limitaban el tránsito de los niños y no aportaban grandes ingresos.

Este dinero servirá para estabilizar la manutención de los niños y construir más áreas para talleres, como el de cocina. ¿Sería suficiente para solventar el ingreso de más pequeños? “No debemos temer a si va a faltar, la caridad no olvida”, dice la hermana María, una de las monjas del puericultorio.

La ministra de la Mujer, Nidia Vílchez, a cuyo portafolio pertenece el Inabif, dijo haberse enterado del problema y que está dispuesta a revertir el efecto de la norma. Queda esperar.

*PARA RECORDAR
Un filántropo de vocación*
El término puericultorio no está reconocido en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), pero sí lo están las palabras “puericultura” y “puericultor”, ambas relacionadas con la ciencia que se ocupa del sano desarrollo del niño.

El tradicional local de Magdalena fue construido por impulso de Augusto Pérez Araníbar, un médico arequipeño que nació en 1863 y estudió en San Marcos. Al terminar su carrera viajó a Europa para especializarse en enfermedades gástricas, pero se interesó también en la construcción de hospitales y en actividades altruistas. Por ello, cuando regresó al país, se puso a disposición de la Beneficencia Pública.

Allí llegó a ocupar cargos directivos y supo promover la generosidad de las empresas y familias de fortuna para realizar obras de bien social. El apoyo de Víctor Larco Herrera, Tomás Valle, Miguel Echenique, Ignacia Rodulfo de Canevaro, entre otros, fue clave para edificar el puericultorio. Pero esta obra —que tomó 13 años— no fue la única de Pérez Araníbar, pues también estuvo vinculado a la construcción del hospital Loayza, el Hospital del Niño y de un asilo nocturno. Además, no dudó en declinar cargos políticos y honoríficos para seguir al frente del puericultorio hasta 1958, cuando murió.

*PUNTO DE VISTA
Marcar el cambio*
El puericultorio, que depende de la Beneficencia Pública, fue una obra de la sociedad civil hasta los años 70, cuando el gobierno militar lo pasó a manos del Estado. Ese fue el primer error. Pero más daño le ha hecho la ley del 2008, cuando empezaron a retirar a los niños pobres. Los hemos visto salir llorando y me duele en el alma. Se ha cambiado el sentido al puericultorio.

Los niños de ahora están obligados por el juez a estar aquí, por eso hasta quieren escapar. Que se queden ellos que lo necesitan, pero también los menores en extrema pobreza.

Que este aniversario sea para marcar el cambio.
LUIS BAMBARÉN. Monseñor emérito

*EL DATO
Ex albergados*
Los egresados del puericultorio han formado una asociación, pero no tienen local propio. Ellos quieren dar una mano a quienes, por límite de edad, abandonan el albergue.