VIDEO: San Martín, un viaje infinito por nuestra amazonía

Una visita a la selva y un encuentro con la naturaleza. Color, diversión y mucho más

MARTÍN ACOSTA GONZÁLEZ @martiacosta
Redacción Online

San Martín es una paleta de colores y el verde es su tono preferido. Larga, extensa, infinita, así es nuestra amazonía: llena de matices, con praderas interminables y un sol abrasador al que no le gusta dar tregua. El rocío hace su trabajo, refrescar un poco el cuerpo, pero no es suficiente, incluso las gotas caen calientes.

Uno se acostumbra a eso y cuando empieza a ver los paisajes, cualquier otro aspecto es dejado de lado. El cielo sí que es celeste y sobre él las nubes empiezan a formar figuras, se separan, se juntan, se dejan calentar, se oscurecen. Luego llueve y hacen de las postales figuras inmortales en la memoria.

Tarapoto no es su capital, pero concentra el movimiento económico del departamento. Es conocida como la “Ciudad de las palmeras” y durante nuestro viaje nos damos cuenta por qué. Decenas de kilómetros llenos de palmeras, que suelen dar sombra a sus ocasionales inquilinos. Es un pacto entre la naturaleza y los pobladores.

RESERVA NATURAL DE TINGANA
A dos horas de Tarapoto está Moyabamba, la capital de San Martín, la primera ciudad fundada por los españoles en 1540. Le llaman “Ciudad de las orquídeas” y a una hora más de viaje llegamos al puerto Boca de Huascayacu, que da al río Mayo. Acá empieza una de las mejores travesías del viaje.

Juan Isuiza será nuestro guía. Él es un poblador de Tingana – Aguajales Renacales del Alto Mayo, conocido también como el bosque inundado. Juan vive con su familia en este lugar, alejado del ruido de la ciudad y en contacto pleno con la naturaleza. Para llegar a Tingana hay que recorrer una hora el río Mayo en un bote a motor.

El río es gigantesco y parece no tener fin. Viramos por una vertiente que da al río avisado, el lugar fue bautizado con este curioso nombre por el abuelo de Juan. Comenta que el bosque está en constante movimiento, las ramas y los árboles crecen con el río y por esa razón las plantas cierran los caminos.

“Hay que mover las ramas con las manos y avisar al que va detrás tuyo que se viene una rama. Por eso gritamos: ¡Avisadooo!. Muchos terminan golpeados y hasta en el agua. Hay que estar atentos”, comenta Juan con una sonrisa.

El gobierno regional se encarga de administrar el lugar, pero son en verdad las familias, de Juan y otras personas los encargados de cuidar de manera adecuada estos fantásticos lugares. Cero contaminación, el sonido de la naturaleza y mucha paz.

Tras un breve desayuno con maduros, huevos y café, partimos en un paseo por el río avisado. Ahora sí no hay más sonidos que el de los pájaros y los monos saltando de árbol en árbol. El agua es tímida y apenas se altera con nuestro paso. El cielo y la vegetación se refleja en ella como si fuera un espejo.

La flora crece sobre el río y a la canoa se trepan otros inquilinos, insectos de todo tipo, pero de los amistosos, aquellos que cansados de nadar y volar, nos piden un aventón. Vemos un pájaro carpintero, uno que otro escurridizo mono y una culebra trepada en los árboles.

Juan dice que la hora recomendada para hacer estos paseos es por la mañana, aunque no falta quienes buscar darle mayor adrenalina a su viaje y hacerlo por la noche. Un recorrido que se suele acompañar de historias y mitos amazónicos que le imprimen al viaje una dosis de “miedo”.

Paramos cerca de una especie de enredadera y Juan, cual Tarzán, empieza a treparse en medio del río. Avanzamos un poco más, subimos a una casa construida sobre un árbol y vemos desde ahí lo fantástico de la naturaleza.

Emprendemos en regreso a Tingana y tras el almuerzo, una generosa gallina con frejoles negros y yuca, cortesía de nuestro anfitrión, descansamos en las hamacas. Se hace tarde y el camino al hotel es largo. Nuestro guía se despide y nosotros nos perdemos entre el río avisado.

EL SAUCE
El tour organizado por PromPerú como parte de la campaña “Norte pone” también incluyó un paseo por el distrito de El Sauce y su famosa laguna Azul. Este lugar está ubicado a una hora de Tarapoto y para llegar a él hay que pasar por el río en una embarcación especial que traslada autos.

Miracocha (mirador de la laguna en quechua) es uno de los lugares más altos de la zona y desde ahí tenemos una de las mejores vistas de El Sauce. A partir de este lugar iniciamos una caminata de 45 minutos aproximadamente. Hay que tener cuidado por los lugares donde pisamos pues a causa de la lluvia la tierra puede estar resbaladiza.

Tras este recorrido llegamos a uno de los lugares más bellos de San Martín: “Lago lindo”, un resort rodeado de una gigantesca laguna donde se puede pasear en canoa y darse un refrescante chapuzón. El almuerzo, un rato para descansar y el retorno a través de un bote a motor por la extensa Laguna Azul nos permite ver la maravilla de la naturaleza. Cerca de nosotros niños practican en una moto acuática.

LAMAS
Lamas tiene como principal atractivo un fabuloso castillo al estilo medieval construido por un inmigrante italiano. Una fortaleza que cuida cada detalle, comparada solo con las construcciones europeas.

El responsable, Nicola Felice, busca que este castillo sirva como hospedaje de artistas y escritores. El viaje desde Tarapoto es de 45 minutos y cuesta arriba nos encontramos con el mirador de Lamas. Llegamos cerca de las 6 de la tarde en pleno ocaso y vimos como el cielo se empezaba a incendiar con el sol mientras este se perdía entre los cerros verdes.

Así es San Martín, una paleta de colores, en donde el verde es el tono preferido y en donde cada uno puede pintar su propio cuadro.