CRÓNICA: Juan Luis Guerra y una noche en la que estallaron los sentimientos

El artista dominicano suministró anoche a más de 30 mil limeños en San Marcos dosis de romanticismo con sus bachatas y de euforia con sus merengues

RENÉ ZUBIETA @renezp
Redacción online

La noche de ayer en el Estadio de San Marcos solo fue fría por unos momentos. Con su música y todas las sensaciones que ella puede hacer sentir, Juan Luis Guerra se encargó de regalarnos a más de 30 mil personas de distintas generaciones el calor que necesitábamos a partir de una estupenda combinación cuya fórmula solo él conoce entre momentos muy románticos y nostálgicos con sus bachatas, y eufóricos con merengues, sones, huarachas y salsas, provocando una explosión de sentimientos.

Pero antes de que el corazón, los pies y en realidad todo el cuerpo vibraran con las melodías del reconocida artista dominicano, su joven compatriota, Vicente García se encargó de abrir el telón de todo el espectáculo minutos antes de las 9 p.m. a ritmo de soul, como en anteriores presentaciones de Guerra. Con esto, sin duda, este solista novato de cabellos largos y ‘dreads’, recibe un gran empuje para su carrera.

Aproximadamente 45 minutos después, el turno fue para Gian Marco, que como siempre fue recibido con calidez por su fiel público capitalino. Portando una gorra y vistiendo un jean y casa gris, el querido ‘Gasparín’ presentó algunos de los temas de su nuevo disco, “Días nuevos”; pero también encandiló al respetable con conocidas canciones.

Es así que “Resucitar”, “Canta corazón”, “Lejos de ti” y “Sentirme vivo” fueron parte de su participación. De igual forma, al interpretar “Se me olvidó” fue acompañado por Vicente García y luego, desató la locura con su tema “Hoy”, haciendo un mix con los huaynos “Poco a poco”, “El picaflor”, “Adiós pueblo de Ayacucho” y con una exquisita Valicha.

SUBIÓ LA BILIRRUBINA, LLOVIÓ CAFÉ
Tras la despedida del cantante peruano, desbordaba la ansiedad por ver a Juan Luis desde aquella última presentación de setiembre del 2009 en el Estadio Monumental. Cámaras fotográficas, videograbadoras y teléfonos celulares estaban atentos al momento en que el ganador de 18 Premios Grammy se hiciera presente.

Con un pantalón negro, casaca beige, polo rojo y su característica boina, por fin lo hizo cerca de las 11 p.m. y durante casi dos horas inundó las almas de sentimientos encontrados y también de bendita energía en un show destacable no solo por la calidad musical junto a su orquesta 440, sino también por la puesta en escena que incluyó un despliegue audiovisual conectado con las canciones que interpretaba y con las sensaciones que estas producían.

El primero de los 25 regalos que nos dio –entre canciones de su nuevo disco y éxitos de siempre- fue “Apaga y vámonos”, para luego saludar y manifestar su gusto de pisar nuevamente suelo peruano. Y si ya teníamos alta la bilirrubina tan solo por ese primer merengue, luego vino el gran primer baile justamente con “La bilirrubina”, y los pasos en las tribunas y en el gramado continuaron con “La Travesía” y “La llave de mi corazón”.

No faltó el momento para referirse a nuestra hoy mundialmente reconocida gastronomía, y Juan Luis comentó: “Hemos comido mucho cebiche”. Con esas palabras, se metió al bolsillo aún más al público, el cual disfrutó luego del primer instante intensamente romántico de la noche con “Bachata rosa”, momento en el cual aparecieron nuevamente Gian Marco y Vicente para sumarse al canto. “Deberían sentirse orgullosos de Gian Marco, yo lo estoy, y mucho”, aseguró posteriormente el dominicano con el orgullo de saber que en el peruano tiene a un gran amigo.

Tampoco olvidó la fe, esa que nos pide que también tengamos, el artista convertido al cristianismo el 2004 le dedicó alabanzas a Jesús con temas como “Son al rey”, “Para ti” y “Las avispas”. Y otros momentos audiovisualmente especiales llegó cuando a través de la tecnología cantó “La calle” a dúo con el colombiano Juanes (aparecío en una pantalla), y cuando cruzó “El Niagara en bicicleta” ayudado por una pantalla. Aquí, la rumba se armó, el piso retumbó, todos nos contagiábamos del ritmo.

Juan Luis Guerra, siguió saltando, bailando, como nosotros frente al escenario, hasta que nuevamente las revoluciones se calmaron con una canción que, confesó, compuso para su esposa, “Mi bendición”, justificándose en palabras que en muchos generaron cruces de miradas y reflexión: “Porque el que ama a su esposa, se ama a sí mismo”.

El silencio reinó posteriormente, el público escuchó atento los versos de “Cuando te beso”, qué mejor ocasión para comprobar aquellas intensas sensaciones que se describen en el transcurrir de la letra.

La combinación de bachatas, merengues y salsa continuó en los siguientes minutos del espectáculo con “Visa para un sueño”, “Bachata en Fukuoka”, “La guagua”, “El farolito”, “Reina mía”, “A pedir su mano”, un popurrí de bachatas que incluyó “Estrellitas y duendes” y “Burbujas de amor”. Entre esos temas, el artista de 54 años y su orquesta se despidieron hasta en tres ocasiones; pero ante el pedido del público y sus gritos de “otra, otra”, volvieron para complacerlo.

Y al final de la velada, como despedida definitiva, llovió café en el campo de San Marcos, dejando un sublime aroma que quedará impregnado en todos los que corearon a viva voz y bailaron bachatas y merengues hasta con personas desconocidas, con quien se entabló relación esa misma noche a base del gusto por la música de Juan Luis.

Porque lo que los unió fueron las ganas de calentar la noche, de dejar problemas y tensiones por un momento para saborear la alegría particular que solo producen los ritmos latinos y que se pudo comprobar también en el exterior del estadio con extensas sonrisas y con comentarios que no dejaban de halagar al astro que mañana hará bailar a los arequipeños al pie del Misti. Si hay una erupción, no será volcánica, será de energía estricta y puramente humana.