Giovanni Ciccia: un artista versátil que trabaja “como un carpintero” porque “hay que entrarle a todo”

Según los años: el actor de teatro, televisión y cine, el director en las tablas, el músico, el productor, el conductor de TV. Cerca de cumplir los 40, un descanso es en lo último que piensa. “Este es un nuevo comienzo”, asegura el recordado ‘Django’, como aún le dicen en la calle

Por Alfredo Espinoza Flores

No pensaba en ser actor, pero desde chico siempre ha sido “mentiroso” e “histriónico” (“dos cosas fundamentales: saber mentir y ser un poco exagerado en el manejo de tus emociones”). No se considera músico, pero toca la guitarra desde los cinco años y no quiere dejar de hacerlo.

Desde el 2007 se le ve casi a diario en la televisión conduciendo “3G”, pero su faceta más querida –y esta sí soñada- está fuera de la pantalla chica. Por ahora, en las tablas. Giovanni Ciccia ha vuelto a la dirección, lo que más anhelaba desde pequeño, cuando “agarraba la cámara y grababa cosas, tomaba fotos y escribía. Yo no era de los que se paraba adelante”.

Su ritmo de vida es más que agitado, pero no está para nada cansado: “Cumplir 40 años es un nuevo comienzo”.

GIOVANNI ANTES DE LOS 20
Su inclinación hacia la vida artística empezó en el colegio, cuando dirigía obras teatrales escritas por los mismos alumnos: sketchs por Fiestas Patrias o Día del Padre. “También actuaba, pero no era mi fuerte”, reconoce.

Su incursión en la música se inició también en la escuela. Tocaba la guitarra desde los cinco años y sabía tocar el piano, pero formó su primera banda en las aulas, cuando cursaba 3ero o 4to de secundaria (entre 1986 y 1987). Anónimo fue ese grupo del que nadie se enteró de su existencia, pero que resulta aunque lejano el único preámbulo para lo que después sería Chabelos. Incluso tenían canciones propias. “Se armó la batería con cajas, bateas y cosas que puedan sonar como platillo. Yo tocaba con una guitarra de cajón, ja, ja”.

Su vocación estaba a la vista, pero él lo pensó varias veces. Se le ocurrió ser doctor y hasta poner un taller de mecánica. Resolvió que quería ser director de cine o teatro, y entonces estudió Comunicaciones primero, e ingresó al Teatro de Lima después.

GIOVANNI A LOS 20’S
“Supongo que no tenía opción. No sé si tuve la valentía de hacer lo que hice o tuve la poca valentía de no atreverme a hacer algo que no me gustaba”, reflexiona al cuestionarse si es un ejemplo para quienes llevaban la actuación en la sangre, pero escogieron las profesiones que más les gustaban a sus padres. “Yo tal vez tuve la dejadez de no hacer eso y de seguir la corriente”, agrega.

A los 21 años (1992) empezó a estudiar actuación con Alberto Ísola y obtuvo sus primeros papeles en las tablas. Participó en “Tartufo”, “El rey de Sodoma”, “El séptimo cielo” y “El dedo en el ojo”.

Cuatro años después de iniciar sus estudios, llegó lo que él considera su primer trabajo profesional y su primer papel en la TV: el ‘remake’ de “Nino”. Un año más tarde, su primer personaje en el cine, en “Sangre de ángel” (1997).

Entonces llega el gran ascenso de su carrera. A los 27 años, Giovanni interpretó a ‘Alfonso Córdoba’ en el recordado filme “No se lo digas a nadie” (1998), la polémica novela de Jaime Bayly, que ahondaba –entre otras cosas- en la homosexualidad. “Yo nunca he tenido problema con ninguna escena. Más difícil es hacer de ‘Judas’ y tirarse todas las noches con un arnés en la espalda con miedo a que se vaya soltar la soga (como efectivamente pasó y me rompí la pierna) que chaparse a un hombre. Dar un beso no es algo ajeno a la experiencia humana, hay que separar tu pudor, tus reparos y darle su espacio al personaje”, comenta.

Dos años más tarde hace del joven periodista ‘Alfonso Fernández’ en “Tinta roja” (2000), la adaptación del libro de Alberto Fuguet, rol que fortaleció el nombre de actor que se estaba forjando.

En esta época también interpretó otros papeles en el teatro, en obras como “El juicio final” y “La gran magia” (1997); en la TV: “Isabella” (1999) y“Estrellita” (2000-2001); y en el cine: “Papapa” (1999).

GIOVANNI A LOS 30’S Consolidado como actor, los 30 años marcaron para Ciccia un nuevo comienzo, en un proyecto distinto, aunque no tan alejado de la actuación. En 2001, formó la banda Chabelos, junto a Sergio Galliani y Paul Vega. “No es un grupo musical, es un grupo de humor, de mensaje. Hacemos shows con mucho contenido teatral, no es tradicional. Se junta la música con la actuación”. Así define él a su grupo.

Han grabado cuatro discos de estudio (“KKQLPDOPIS”, “La venganza del maní asesino”, “Seko: de Chabelos” y “Nunca seremos músicos”). Vega se vio obligado a abandonar la banda por problemas de tiempo, pero los demás continuaron con la misma desfachatez y los mismos temas. Como dice en la web oficial: “El nombre de la banda es tomado del seudónimo que usa el actor mexicano Javier López, quien a sus casi 80 años sigue vistiendo pantalones cortos y hablando como eunuco. Ser un ‘Chabelo’ es tener el síndrome de la adolescencia eterna. El eterno chibolo pajero, inconforme, rebelde y destructor, pero con ansias de volver a construir”.

Ese año continuó su incursión en el cine. Formó parte del elenco de “El bien esquivo” (2001), pero en 2002, a los 32 años, logró otro de sus papeles más recordados, como ‘Oswaldo González’, el delincuente más perseguido de Lima, en “Django, la otra cara”. “Me divierte que la gente aún me recuerde por ese papel. ‘Django’, me dicen en la calle hasta ahora. A mí me encantaría hacer Django 2. Siento que la historia da para más. La gente se identifica con él, no sé si con Django o con sus mujeres”, sonríe.

Curioso que el personaje por el que más se le recuerda sea uno que no querían que haga. “A mí me veían como un actor blanco, sanborjino. Decían que Django era del Callao. Por eso agradezco a Gustavo Sánchez, que fue el productor: él dijo que yo lo podía hacer bien y que el tema racial se manejaba, porque hay algo que se llama ‘caracterización’”.

En 2004, a los 33 años, debutó como director en la obra teatral “Un director” (antes solo había dirigido el corto “Peruvian Cliché”, en 2000). Y continuó su trabajo como actor en las tablas, con trabajos como “Hamlet” (2001), “Hedwig y la pulga furiosa” (2005, uno de los personajes que más cariño le tiene), “Jesucristo Superstar” (2006, donde interpreta a ‘Judas’) y las obras junto a su amigo Galliani: “La nona” (2007, 2008), “El misterio de Irma Vap” (2007, 2009), “La pareja dispareja” (2009) y “Extras” (2010), cuyos papeles también recuerda con aprecio. “Yo los quiero mucho a todos mis personajes, he sido muy selectivo. Además, gran parte los he producido yo, porque han sido parte de mi productora (Plan 9, con David Carrillo)”.

La televisión también lo acogió con los brazos abiertos en esta década y su trabajo más memorable fue en “Mi problema con las mujeres” (2007). “Lo recuerdo con cariño, porque allí se arriesgó mucho. Se ha visto en todo el mundo, se ha vendido en todas partes. Tomaron el riesgo al producirla, y fue divertido hacerlo”.

Ya no como actor, pero aún en la pantalla chica, Giovanni Ciccia aparece tres veces por semana como conductor en “3G” (2007 hasta hoy). Allí puede hacer algo que a él le encanta: conversar sobre diversos temas, discutir, polemizar, dar esa opinión que como artista se siente obligado a exteriorizar. Claro, de una manera mucho más calmada que en Chabelos.

Siguió en la actuación en el cine con “Un día sin sexo” (2005), “Mañana te cuento 2” (2008); y en la TV con “Estos chikos de ahora” (2003) y “Tormenta de pasiones” (2004). En la dirección tuvo a su cargo “La Chunga” (2009), obra teatral escrita por Mario Vargas Llosa.

GIOVANNI A LOS 40’S
A solo meses de cumplir 40, Ciccia aún se siente con la energía de los últimos 15 años, en los que ha debido manejar su tiempo para ser actor, director, manejar su productora, músico y conductor de televisión. Actualmente actúa en “Los 39 escalones”, pero pronto se estrena “La tercera edad de la juventud”, obra dirigida por él. “Bolero de noche” –que estima se estrenará en abril de 2011- marcará su reaparición en la pantalla grande.

“Yo siento que 40 es una buena edad. Siento que de alguna forma ya sabes dónde estás parado, cuál es tu camino. Me siento cómodo, aunque ayer mi amigo Javier Echevarría me dijo que después de los 40 todo se acaba. Yo espero que sea un comienzo”, comenta Giovanni, y sentencia con orgullo y muchas ganas de ser consecuente con la razón del nombre de su banda: “A mí todavía me dicen ‘joven’ en la calle. Voy a seguir ‘Chabeleando’”.