Julinho: "Mi historia con Cristal es como la de 'Lolo' con la 'U'"

El amigo de Bebeto, el juvenil en la selección de Brasil, el dueño del ‘dribbling’ en el cuadro celeste. El ex futbolista, empresario y conductor de TV será homenajeado hoy en la Tarde Celeste

Julinho: "Mi historia con Cristal es como la de 'Lolo' con la 'U'"

ALFREDO ESPINOZA FLORES
Redacción Online

“Y ya lo ven, y ya lo ven, ese Julinho y su ballet”. La frase que inmortalizó la carrera futbolística de Julio César de Andrade Moura aún se oye en la tribuna celeste. “Mi historia con Cristal es como la de ‘Lolo’ (Fernández) con la ‘U’, es un vínculo eterno”, dice y se declara hincha del Sporting Cristal, donde jugó 11 años.

Desde que era pequeño se trazó varias metas y se las dijo a su papá: ser futbolista profesional, jugar por la selección de Brasil, ser campeón de la Libertadores y llegar a un Mundial. En 1997, poco antes de que su padre fallezca, ya había defendido la auriverde, estaba por eliminar a Racing y jugar la final de la Copa y la blanquirroja era candidata a llegar a Francia 98. Le dijo entonces: “Hijo, estoy orgulloso de ti, para mí has cumplido todo lo que prometiste”.

JULINHO ANTES DE LOS 20
“Yo nací para ser jugador de fútbol”, asegura Julinho, quien desde los 6 años ya les decía a sus papás que no tenían nada de qué preocuparse: su futuro estaba decidido y él lograría cada uno de sus sueños.

En 1979, a los 14 años, un reportero lo vio jugar y lo llevó a probarse al Vitoria, el club de sus amores, en Bahía. Aunque lo vieron habilidoso, el entrenador consideraba que era “muy chiquito y flaquito”.

Un crack en potencia lo ayudó. Bebeto, el ídolo brasileño y amigo de Julio, abogó por él. “Yo me responsabilizo”, dijo, y así empezó la carrera del ahora también hincha celeste.

A los 15 años debutó en primera frente a 100 mil personas y dos años después fue llamado a la selección juvenil de su país. Jugó en su tierra por Avaí, Treze y fue prestado al poderoso Flamengo.

JULINHO A LOS 20
Tras un año en Italia, Julinho regresó a Brasil para vestir la camiseta del Fortaleza y entonces llegó la propuesta del Perú. En 1991, a los 26 años, el futbolista llegó a nuestro país para jugar por el Defensor Lima.

“Un amigo me dijo que había un equipo en Perú que pagaba en dólares. En Brasil (el equivalente en moneda) era de 7 a 1. Era un montón de plata, un lujo. No me gustó mucho cuando llegué, había mucho terrorismo. Entonces dije: ‘Juego un año, junto plata y regreso’”, cuenta.

Defensor Lima logró que se quede un año más y luego pasó a Sporting Cristal, aunque hubo un club que tentó su presencia y, en una pésima decisión, lo dejó ir. “Alianza Lima me buscó. Ya teníamos un contrato prácticamente cerrado. Pero luego me llamaron y me dijeron que como era rubio y tenía los ojos claros no iba a funcionar”, recuerda. Ya con las maletas hechas para partir a su tierra (Bebeto le dijo que estaba loco, que debía volver porque tenía chances de jugar por su selección), el nuevo DT del Rímac, José Carlos Amaral, lo llamó y se fue a La Florida en 1993.

Sus mejores años en el fútbol habían llegado. En Cristal se ganó el cariño de la hinchada a base de un vistoso juego, hartos goles y carisma. Cómo olvidar sus anotaciones: las de cabeza pese a su corta estatura; las dos que marcó contra Deportivo Cali en la Copa del 93 (jugaba de local y perdía 3-0); o cuando entró como recambio en un tiro de esquina en un partido local, corrió hasta el centro del área y marcó apenas había ingresado. Son muchas.

Mientras campeonaba una y otra vez con la camiseta celeste (fue tricampeón entre el 94 y el 96, y campeón en 2002), y era siempre de los goleadores (en el 95 fue el máximo anotador del torneo nacional), llegaba a cuartos de final en la Libertadores (93 y 95) y a octavos (96).

JULINHO A LOS 30
El punto cumbre de su carrera futbolística llegó cuando tenía 32 años. En 1997, estuvo a punto de cumplir todos sus sueños en el fútbol. Ese año, el 13 de agosto, pisó el estadio de Belo Horizonte para enfrentar al Cruzeiro en el partido definitorio de la Copa. Su papá había fallecido semanas antes, pero alcanzó a decirle: “Hijo, has cumplido tus promesas. Me has hecho muy feliz”. Pero Dida, luego campeón del mundo, se lo impidió en aquella jugada que no se la dejan de recordar.

“He visto esa jugada muchas veces y sigo pensando que hice lo correcto. Así lo habíamos ensayado. Él es alto y yo tenía que rematar hacia abajo”, se defiende Julinho. Cuenta que una semana y media después viajó a Brasil y se encontró con el arquero. Él reconoció: “Julinho, nunca vi la pelota”. Cuando el balón ya estaba fuera de la cancha y el estadio (con unas 90 mil personas) había enmudecido, Dida se levantó rápidamente y miró a todos lados. No tenía idea de que había salvado a su equipo, de que le había dado medio título.

Ese mismo año estuvo a solo goles de llegar a Francia 98, vistiendo la blanquirroja. Aunque se nacionalizó para dejar más libre el cupo de extranjeros, no lo dudó ni un instante cuando Oblitas lo llamó para la selección. “Fue un gran año, pero a la vez fue malo”, dice entre sonrisas y lamentos.

Julinho jugó 11 años en Cristal. En la pretemporada del 2003, a los 37 años, una lesión a la rodilla lo dejó fuera de las canchas para siempre. Sus meses de intentos de volver fueron en vano. Estaba triste, pero a la vez satisfecho. Se había retirado campeón (2002). Once años vistiendo una camiseta que no dejó pese a las distintas propuestas locales y extranjeras: el Boys de Marquinho que ofrecía el doble de lo que ganaba; el Gremio que daría una buena suma pero Cristal pedía un millón por su pase; un equipo de Austria cuya oferta era igual a su sueldo; y el mismísimo Racing luego del baile que se ‘comió’ (Mc Callister aún debe estar buscando su cintura), pero pedían poco.

“Fueron años maravillosos, no me arrepiento de nada”, dice con nostalgia, y recuerda una vez en que le pegó “muy feo” al balón e igual fue aplaudido por la tribuna. “Pingo me dijo: ‘en ningún lugar del mundo he visto eso. ¿Qué haces? ¿Tú les pagas?’”.

JULINHO A LOS 40
Fuera de las canchas, la imagen de Julio no quedó en el olvido. Lejos de eclipsarse, empezó a ganar más adeptos. En 2005, a los 40 años, lo llamaron para un cásting para conductor de televisión. Los productores de “Vale la pena soñar” ya habían visto sus dotes frente a las cámaras, y sobre todo la química que tenía con Mónica Zevallos, cuando fue de invitado a un programa de la ‘suavecita’.

“Desde chico mi mamá me decía que yo era para la televisión y no para el fútbol. Luego me dijo que cuando me retirara iba a entrar a la TV”, cuenta. ¿El programa que más recuerda? Cuando llegó una brasileña al set y el sueño que le estaban cumpliendo era el reencuentro con su madre. “Cuando pedí que pasara, pusieron una canción de Roberto Carlos que me hizo recordar a mi mamá, y entonces la veo entrar. Me sorprendí y lloré. Fue el mejor sueño”. Luego continuó en la televisión pero como comentarista deportivo, en Planeta Deporte.

Hoy, alejado de la televisión, Julinho alista una nueva incursión en un negocio para un público juvenil. No quiere dar más detalles, solo indica que no será un programa de TV. A unos metros al costado, mientras lo entrevisto, una rubia reposa sobre un sillón del café donde nos encontramos. Es Brenda Carvalho, la nueva pareja y protagonista principal de una novela de amor que puso al jugador en más de un titular en los medios de espectáculos. En 2009 terminó una relación de 7 años con Paola Arias y desde allí los rumores sobre un amorío con la ex Axe Bahía, amiga de Arias, empezaron a crecer y crecer hasta que, al fin, ellos lo hicieron público.

Aunque los medios suelan preguntarle más sobre esta nueva relación, él está concentrado en su faceta como empresario, aquella que empezó bien en 1996, con O’Boticario, la marca de perfumes cuya filial en Perú era del futbolista.

En su segunda incursión, sin embargo, se desató un escándalo. La empresa de la que se descubrió que era socio fundador, TFKC Reprex, fue denunciada por un programa periodístico de haber hecho un contrato con Sedapal por un total de 13 millones 600 mil soles, apenas cinco días después de haberse constituido. Cuando fue citado al Congreso, el ex futbolista clamó: “Me fascinan los negocios pero jamás defraudaría al Perú”, y volvió a señalar que él era solo un inversionista. Pero se asoció con Santos Moreyra, un ex funcionario de la constructora transnacional brasileña Camargo Correa, que estaba investigada por lavado de dinero y evasión fiscal.

A sus 45 años, aunque aparenta menos, Julinho deja atrás el amargo episodio y asegura –aunque pueda ser difícil de creer- que el hecho no ha mellado en nada su carrera. “A la salida del Congreso la gente me decía que creía en mí”, dice.

Ni la TV ni las empresas lo han hecho olvidar el fútbol. Tiene una academia, pero su nuevo sueño es ser entrenador. Se imagina dirigiendo las menores en Cristal en muy poco tiempo y le gustaría dirigir en primera después. “Yo tengo mucho que aportar”, repite en varias ocasiones. Y por si alguien amenaza con olvidarse de su famoso ‘dribbling’, él lanza una advertencia: “Mi hijo Lucas tiene 15 años y está en las menores de Cristal. Cuando lo vean jugar, se acordarán de mí”. Si es así, más de un hincha celeste querrá gritar “Ese Lucas y su ballet”.