July Naters: "Pataclaun dejará de existir cuando lo pida la gente"

La ex actriz y productora le tiene fe a ‘La santa sazón’, que hoy, desde las 7 p.m., vuelve a empezar: “Puedo tener dudas de cómo sea recibido, pero no del producto”

July Naters: "Pataclaun dejará de existir cuando lo pida la gente"

ALFREDO ESPINOZA FLORES (@alfred_espinoza)
Redacción online

“Aquello que fue muy chévere también se vuelve un enemigo”. Lo dice con nostalgia cuando habla de la obra que le ha valido los mayores reconocimientos, esa misma que a veces siente que no la deja avanzar.

“Es una contradicción”, piensa. ¿Cada vez que haga un programa le recordarán su primera etapa en la televisión? ¿Le seguirán reclamando por las narices rojas? Ella lo comprende, y no deja de tener algo en claro: “ Pataclaun es mi proyecto de vida”.

A más de 20 años de los inicios de la asociación cultural, July Naters tiene ahora una nueva propuesta en la pantalla chica, ‘La Santa Sazón’, la cual, pese a un inicio con tropiezo, hoy reaparece –y desde el principio- en nuevo horario (7 p.m.) y en el mismo canal (Panamericana TV).

Naters me recibe después de las grabaciones, agotada pero aún con energía. Si hay algo que es imposible reprocharle, es la convicción con la que se embarca en sus proyectos, y la pasión con la que habla de ellos.

JULY A LOS 20
Actuaba “un montón” en distintas puestas en escena para niños, telenovelas y series, pero “se veía que algo faltaba”. Y es que no solo interpretaba su rol, le era inevitable lo que ella llama “el todo”: las luces, la puesta en escena, observar el trabajo del director, proponer una escena. “Tenía intuitivamente una mirada más panorámica”, dice. Era actriz desde los 16 años de edad, pero recién se enganchó con el claun a los 23, en 1990, en un viaje a Cuba gracias a dos becas.

Allí conoció a los argentinos del Clu de Claun y emigró seis meses a tierras gauchas para llevar cursos sobre el tema. “Cuando regresé, ese año, hablaba con tanta pasión (en una universidad) que me dijeron para enseñarle a un grupo y así empecé, bien amateur”, recuerda.

Alejada de su primer anhelo –ese bichito por el periodismo que la llevó a hacer “un paseíto” por la universidad y que hoy agradece haberlo dejado de lado- estrenó, al año siguiente y sin muchas pretensiones, “Pataclaun en el A.M.O.R.”. Sobre las tablas fue el primer single de una obra con varios hits: “Pataclaun en la ciudad”, “Pataclaun enrollado”, “Pataclaun en venta” (mucho más adelante, en el 2000).

“Siempre fue por el público. A la primera fue tanta gente que me dijeron que siga. Incluso, una vez pusimos un aviso en el periódico: ‘A pedido del elenco, termina la temporada’”, cuenta entre risas, aún incrédula pese al paso del tiempo.

La que recuerda con más cariño: “Pataclaun en la ciudad”. “Era una época difícil. Sendero Luminoso, bombas, Abimael, (la obra tenía) el tema de la ciudad, el sonido con sus bombas, iluminábamos con velas. Era una catarsis de humor de lo que nos pasaba, era trascendente, iba más allá del público”, explica.

JULY A LOS 30
Un nuevo escenario para una nueva época. En 1997, cuando tenía 30 años de edad, Pataclaun se mudaba a un territorio arriesgado, la televisión. Más atrevido aún cuando sus obras teatrales gozaban de tanto éxito. July tenía al mundo entero en su contra –incluso a los actores, a quienes no les convencía la idea- pero decidió tomar el paso.

“Para mí fue simple: se tornó un espacio demasiado cómodo. Los actores no hacían nada y el público igual se reía… los querían tanto. Cuando empecé a sentir esa incomodidad que podía deformar nuestro trabajo, sentí también que podía convertirse en un peligro. Sentí que enfrentándonos a otro código como la TV podíamos empezar de 0 de nuevo, encontrar una personalidad nueva… fue redescubrir el claun de nuevo”, explica.

Bastó apenas una noche para que el tiempo le dé la razón. Presa de los nervios, había huido a Cusco y solo se había atrevido a ver el programa bajo la cama. Al día siguiente el temor se disipó con la mejor noticia: “un súper rating”. “Pataclaun TV” estuvo al aire dos temporadas entre 1998 y 1999. Imposible no recordar las ocurrencias de ‘Machín’, ‘Gonzalete’, ‘Tony’, ‘Queca’, ‘Wendy’ y ‘Monchi’.

Pese al desbordante éxito y su satisfacción por ello, July no puede contagiarse de la misma efervescencia con la que se evoca al primer elenco de la pantalla chica. Para ella “Pataclaun en la ciudad” sigue siendo el más representativo. “El valor que todos le dan yo no se lo puedo dar, porque para mí la gente del inicio ha sido igual de importante que la gente mediática, pero cómo hago para hacerle entender eso al público”, me dice contrariada, acaso ya con los brazos abajo en ese intento de reivindicación. Menciona, entonces, a Katia Condos y a ‘Pelo’ Madueño, entre otros, como clauns que también merecen mayor reconocimiento.

Pataclaun continuó con “Carita de Atún”, con los mismos personajes más el de Katia Condos, quien volvía a sus épocas de claun; y “Patacomix”, con un renovado elenco.

JULY A LOS 40
“El Santo Convento” puede no haber colmado al 100% las expectativas del exigente público televisivo que no evita comparar cada producto con el primero, pero ella se muestra confiada de que con “La Santa Sazón” será distinto. “Es uno de mis mejores resultados”, se atreve a decir.

¿Por qué? “ Es una historia de amor que maneja muy bien el melodrama, es una telenovela con personalidad ‘claunesca’. Primero tiene momentos en los que vas a querer reír, pero de ahí es una vorágine de melodrama puro. Pasan muchas cosas en cada capítulo, no se van a aburrir”, asegura.

En el momento de la entrevista, July aún desconocía el bajísimo ráting con el que debutó su nuevo programa –menos sabía del cambio de horario (desde hoy va a partir de las 7 p.m., siempre vía Canal 5, y desde el inicio)-, pero era consciente de la complicada competencia. De todas maneras, no se desanimaba. “Estamos en un canal complicado, en un horario complicado. Sé que puedo tener dudas de cómo sea recibido, pero no me hace dudar ni un poquito el producto”, agrega.

¿Y qué pasó con las narices rojas? “La nariz no es exclusiva del claun y Chaplin es el mejor ejemplo”, se defiende. “Fue por lenguaje: la nariz es una máscara, pero también unos lentes lo son. Necesitaba lograr un romance verdadero, convincente, y si le pongo una máscara me alejo de lo verosímil. Tenía que sacársela”, explica, y entonces me cuenta, con esa vivacidad y tenacidad que emana a cada segundo, que se ha preparado como guionista y que le gustaría “hacer series realistas, humanas, nada que ver con Pataclaun”.

“Aquello que fue muy chévere también se vuelve un enemigo”, me advierte. Pero aun así lo tiene claro, porque como me dice ella se debe al público, “por más cliché que suene”: “Es mi proyecto de vida… dejará de existir cuando lo pida la gente”.