Opinión: El 'reality show' del ministro Octavio Salazar

El periodista Fernando Vivas cuestiona la forma en que la Policía maneja casos como el de los ‘pishtacos’. “Que se cuide de dar rienda suelta a los psicosociales”, afirma

*Por Fernando Vivas* Rey de las pistas (forenses), estrella de “reality show” policial o gran productor de miniseries rojas, son algunas medallas que merece el general PNP Octavio Salazar, ministro del Interior, desde que se ha hecho responsable político del asombro nacional ante crímenes que nos tienen en vilo. Cuando asumió su cargo, el 14 de julio pasado, tuve la esperanza de que Salazar ayudara a extinguir la perversa costumbre de la PNP (compartida con algunos jueces, fiscales y autoridades de la morgue) de ganar notoriedad —o simplemente gozar del poder de la manipulación emotiva— soltando retazos de investigaciones candentes. Por el contrario, ha echado grasa humana para hacer más fuego. Seguimos de espectadores aturdidos de la danza macabra de cuerpos acuchillados colgando en los quioscos del país, de los “close up” registrados para la TV por las propias cámaras de la PNP con la confesión del monstruo de la semana y, en un registro picaresco, de las incursiones en prostíbulos agarrando a los clientes con los pantalones abajo. Tanta es la vocación de dramaturgos de muchos comisarios, que han reemplazado las series policíacas que brillan por su ausencia en la TV, y son ellos mismos quienes bautizan a la mayoría de sus capturados. Recuerden a “Los malditos de Larcomar”, tristes e inocentes víctimas de un malentendido racista en Miraflores. El general Félix Murga, jefe de la Dirección de Investigación Criminal (Dirincri), se ha convertido en heraldo negro de las más sórdidas revelaciones. Se apresura en informar de capturas, como la de Pedro Mamanchura, el asesino material de Alicia Delgado, del que hasta permitió la difusión de detalles de su primera testimonial sin presencia del Ministerio Público, pero luego, cuando la gente engancha en el caso como si sintonizara la miniserie de mayor ráting, empieza la dosificación de pistas sinuosas, una para cada medio para que la competencia no se enerve y la agarre contra la fuente oficial. Por cierto, buena parte de la prensa es corresponsable del esperpento. El colmo del enrojecimiento de portadas y pantallas inducido desde el poder, sucedió la semana pasada con la captura del supuesto “pishtaco” Marcos Veramendi y la difusión de su testimonio relatando el proceso de extracción de cebo humano. La grasa y la gracia puede costarle caro a la PNP si se confirma, como sugiere la ausencia de sustento científico para validar tan fantástico móvil, que el cuento de los “pishtacos” en realidad disimula crímenes ligados al narcotráfico. He oído a Salazar discursos inteligentes reclamando la participación civil en la gran tarea de la seguridad. Tiene toda la razón, pero si quiere lograr esa sana empatía con la población, que se cuide de dar rienda suelta a los psicosociales.