Yvonne Frayssinet: “Todavía tengo mecha para rato”

Con más de 35 años de carrera, la actriz reconoce agotamiento, pero admite que le cuesta decir no a nuevos papeles

Yvonne Frayssinet: “Todavía tengo mecha para rato”

ALFREDO ESPINOZA FLORES (@alfred_espinoza)
Redacción Online

“Por alguna razón, todas mis cosas empiezan en mi cumpleaños”. Lo dice ya sin sorpresa, como si la aceptación de esa coincidencia conllevara el saber que algunas cosas suceden por una buena razón y no por mera casualidad. Lo dice porque siempre se ha tratado del inicio de algo promisorio. Así las cosas, ¿para qué preguntar ‘por qué’?

Con más de 35 años de carrera, Yvonne Frayssinet describe su trayectoria como “una aventura de aprendizaje”, un camino en el que recién hace aproximadamente una década se sintió actriz de verdad. Hoy, a sus 61 años, está a punto de anunciar un cataclismo –“ya quiero p…”- pero es incapaz de hacerlo: “No puedo parar… a veces quiero hacerlo una vez al año, pero me duele decir no, siento que me necesitan y eso me cuesta más”.

Por momentos siento que converso con Francesca, la matriarca de los Maldini en ‘Al fondo hay sitio’. Pero resulta un tímido espejismo cuando sale a flote todo su apasionamiento por la actuación, su rol incansable de transmitir emociones al público, su noble objetivo de poder cambiar de alguna manera a las personas a través de sus personajes.

YVONNE Y LOS AÑOS MOZOS
02 de febrero de 1974. Una jovencísima Yvonne Frayssinet despertaba con la celebración de su cumpleaños número 24, pero la fecha venía con otro suceso: su debut en las tablas con “La sentencia”. Para aquel entonces, desde hacía dos años que había ingresado al Club de Teatro de Lima, adonde llegó después de trabajar y estudiar una cosa más distinta que la otra.

Entraste al mundo del teatro a inicios de los ’70. ¿Qué pasó en ese lapso entre salir del colegio y estudiar actuación?
Trabajé en un colegio, luego un banco, de ahí otro, después en una oficina. Estudiaba periodismo mientras trabajaba… pero n me sentía bien, no estaba cómoda con mi vida. También estudié idiomas, y luego, casi como de casualidad, entré al club de teatro.

¿Habías sentido una vocación desde mucho antes? ¿Actuabas en el colegio?
No, no lo imaginé. En el colegio hacía cositas pero no era de las más destacadas. Sin embargo, ahí me quedé.

Cuéntame sobre tu primera obra.
Se llamó “La sentencia”, yo entré como reemplazo. No sabes lo que fue. Casi no salgo, me moría de nervios, me sentía chiquitita frente al público. Cuando hacíamos las prácticas, me paré en una esquina ¡y me dio un ataque de risa! Mi personaje era una trapecista que se preparaba para salir a escena, pero sabía que a su pareja le habían contado que lo engañaba, entonces también sabía que él no la sostendría, caería y moriría… Alguien que me hubiera conocido en ese entonces nunca se lo hubiera imaginado, pero soy una persona valiente y me atreví a seguir esta carrera. Recién en el ’75 recibí un sueldo y ya empecé a considerarme actriz profesional.

Luego vino la televisión, en 1978.
Mi primera vez fue con “Cecilia”. Era la época militar, era muy difícil. Artistas Unidos hicieron un proyecto de telenovela, pero todo estaba en pañales. Todo se hacía en el momento, hasta los guiones. Yo llevaba mi ropa, consiguieron así no más un maquillador. Era muy distinto a lo que es ahora.

Tu debut en el cine fue con “Cuentos inmorales”. (1978)
Como no había trabajo, los actores que surgíamos éramos muy pocos. Buscaban a quienes estén dispuestos. En ese momento yo era improvisada, pero comencé a ser más disciplinada y me enamoré de la actuación. Recién después sentí que hacía cine, que se trataba de otro lenguaje.

YVONNE Y UNA ININTERRUMPIDA CARRERA
Protagonista de mil y un obras de teatro, entre las que destacan –y por decir poquísimas- “Mi muñeca favorita”, “Madre coraje”, “Clase Maestra”, “¿Y dónde está el tenor?”; actriz de telenovelas en “Cecilia”, “Carmín”, “Travesuras del corazón”, “Tormenta de pasiones”, entre otras; de miniseries con “Viento y arena” y “Al fondo hay sitio”, como otras; y también de cine: “Cuentos inmorales”, “Tinta roja”, “Mariposa negra”, entre otras, a Yvonne se le hace difícil recordar anécdotas de cada una y aún peor si es escoger las mejores. Pero las hay, y ella nos cuenta.

¿Cuáles son los mejores personajes que te ha tocado interpretar?
Recuerdo la obra “La muñeca favorita”, fue mi primera vez con (Oswaldo) Cattone. Nos reíamos… era como una familia. Uno de los más graciosos fue en “Travesuras del Corazón”, hacía de la mala, pero había chiquillos, entonces me sentía ridícula así. Una vez tenía que estar en la ducha y me puse a cantar. Todos se mataron de la risa y entonces se dieron cuenta de que (su personaje) iba más por ahí, por lo cómico. Pero mi mejor momento fue cuando hice “Clase Maestra” (2004). Tenía que tener una transformación de todo: al caminar, de ser, los ademanes, todo de diva. ¡Fue preciosa! En la historia (en la que interpretaba a una profesora de canto) yo basureaba. Hacía que pase uno a uno a cantar y recordaba que yo ya no podía, entonces minimizaba (a los alumnos). Pero había una que cantaba… y yo me ponía a llorar (algo fuera del guión que su emoción no podía evitar). ‘¡No llores!’, me gritaba la directora. Esa es la obra que más satisfacciones me ha dado. Ahí sentí que era capaz de hacer un personaje muy distinto.

Cuéntame qué anécdotas has tenido durante tu carrera
Muchísimas. Caerme en el escenario, olvidarme de la letra y tararear, ataques de risa, un disparo (casual) una vez de un señor en la platea que se fue al techo, dijimos “nos morimos” y todo quedó en silencio. La época del toque de queda que teníamos que salir corriendo a la casa, cuando el terrorismo amenazaba el Marsano, cuando en el Real revisaban todos los asientos. A veces estábamos en plena función y había un estallido horroroso y teníamos que seguir y calmar a la gente, no sabíamos qué había pasado. En Tarata estábamos trabajando y se remeció todo. Eso último fue en los noventa, pero antes de eso lo disfrutábamos y trabajaba todo el día, siempre he estado bien contenta.

¿Y alguna vez te animarías a estar detrás de las cámaras?
Sí lo he estado. Hago guiones y dirijo en los talleres que realizo en el Callao desde hace algunos años. Ingresé a la Escuela Nacional Superior de Arte Dramático para enseñar.

¿Pero a nivel profesional?
No sé si la crítica me vaya a gustar a estas alturas. Pero si me lo piden, sí podría ser.

Otras veces has comentado de hacer unipersonales.
Sí quiero hacer, pero no tengo tiempo, es una chambaza.

¿Qué papeles te gustan más?
Mi registro es la comedia, ahí me prendo. Sin embargo, aunque por años pensé que no podría hacer otra cosa, de ahí me llamaron para hacer de mala en las novelas.

YVONNE Y LOS AÑOS VENIDEROS
02 de febrero del 2009. 35 años después, otra gran noticia llegó el día en que celebraba su cumpleaños, esta vez el número 59. “Todas mis cosas empiezan en mi cumpleaños, el día que nos citaron para “Al fondo hay sitio”, también. Tal trabajo, 02 de febrero; los cursos, 02 de febrero. Ya me acostumbré”, cuenta, y se muestra feliz por los 500 capítulos de la exitosa miniserie: “Es algo histórico que todos los capítulos sean exitosos. Que bajen algunos puntos no importa… es un nivel alrededor del 30% (de ráting)”.

¿Francesca es el personaje que más te dicen en la calle?
Sí, todos me llaman Francesca, no de otra manera.

Cuando no actúa, cocina, pinta, camina o lee. Incluso estuvo cerca de incursionar en la política cuando se presentó con la lista de Álex Kouri para las municipales del 2010. Pero no son cosas que pueda hacer siempre. Su tiempo libre es poco y la actuación es como una adicción. Estamos agosto pero ya sabe que en diciembre participará de una obra para niños con motivo navideño, esa que cada año se realiza en las calles del Centro de Lima.

Le cuesta admitir cansancio, pero se nota que quiere decirlo. Es agotamiento más que cansancio. Pero su pasión por la actuación se impone y entonces dice que aún puede dar más y hasta critica a los que no lo dan todo en sus interpretaciones.

¿Alguna vez te has sentido cansada de actuar?
¡Cuando me canso termino en la unidad de cuidados intensivos! Ya van 2 veces, me mareo y me descompenso, y me da arritmia. Es cansancio de verdad. Ya quiero p… no puedo parar, vivo de esto, es un… ¡Ahhh!… todavía tengo mecha para rato. Ya quiero hacerlo una vez al año, siempre lo digo, pero me duele decir no (a un nuevo papel), me cuesta, siento que me necesitan y eso me cuesta más.

¿Cuál es el peor error de un actor?
Hay actores que no son actores. ¿Cómo transmites tu personaje? ¿Te creciste y lo haces sobrado, de taquito? Hay actores que ya no luchan. No voy a dar ejemplos, pero sí los veo y me provoca decirles “pisa el suelo”, porque cada día tienes que crear, tiene que salir desde adentro, con el alma, es tu espíritu, tu alma el que sale. Ese es el peor error de un actor, ahí empieza la muerte de una actor, ahí empieza a sentirse infeliz de salir a trabajar, sin entusiasmo.

¿Tú lo has sentido?
Sí, pero he vuelto a empezar. O te entregas o no. Si no lo vas a hacer con pasión, mejor te vas a tu casa.