Gorilas en la niebla: una visita al hogar de esta especie en peligro de extinción

En el blog Cinco continentes, crónica de un viaje al Parque Nacional de los Volcanes en Ruanda y la experiencia de ver de cerca a los gorilas de montaña

Gorilas en la niebla: una visita al hogar de esta especie en peligro de extinción

DANIEL BARRETO

Son grandes, peludos, su comida preferida es el tallo del bambú y se parecen mucho a nosotros. Los gorilas de montaña viven en las zonas fronterizas del Congo, Ruanda y Uganda. Aunque su gran tamaño (miden hasta 1.90 metros y pesan hasta 220 kilos) pueda inspirar temor, en realidad son ellos los que tendrían que tenernos miedo. Su población ha ido reduciéndose hasta llegar a no más de 790 individuos, en gran parte debido a que el ser humano destruye su hábitat para procurarse leña para cocinar y ampliar sus tierras de cultivo para alimentar a una población que crece a pasos desenfrenados.

Se les puede visitar desde cualquiera de los tres países, aunque tienen un acuerdo entre ellos para cobrar exactamente el mismo precio por el derecho de ver a nuestros peludos primos lejanos desde cerca: 500 dólares.

Cuando fui a Ruanda hace dos años por razones personales no estaba seguro de querer gastar semejante cantidad de dinero en un solo día, pero al final cedí a la tentación y me acerqué a la Oficina Nacional de Turismo de Ruanda en el centro de Kigali para reservar una visita. Tuve la suerte de poder encontrar cupo para dos personas. El número de visitantes es limitado. Solo se permite que ocho personas visiten a un grupo de gorilas. Como solo hay siete grupos de gorilas que viven dentro del Parque Nacional de los Volcanes, entonces solo hay 56 permisos de visita disponibles por día. En los períodos pico puede ser necesario reservar su permiso con meses de anticipación. Después de pagarle los mil dólares a la señora (tienen que ser billetes recientes), recibimos nuestros preciosos papeles convocándonos a estar en la oficina del parque a las siete en punto de la mañana dos días más tarde. Esto nos daba el tiempo para pasearnos por Kigali y tomar un minibus tranquilamente hasta la pequeña ciudad de Musanze, a dos horas de la capital.

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