Manneken Pis, la singular escultura que es uno de los mayores atractivos de Bruselas

Debido a que ha sido objeto de al menos siete robos y destrozos, la obra original está en un museo. Durante 120 días la estatua aparece vestida según la fiesta o aniversario que se celebre

Cuando en Bruselas se forman remolinos de turistas y cámaras de fotos, en medio se encuentra con frecuencia el Manneken Pis. Este muchacho que orina es el símbolo de la ciudad y una de sus atracciones más populares. Pero lo que pocos saben es que la fuente de bronce de la que forma parte es solo una copia: el verdadero niño renacentista está en el Museo de la Ciudad de Bruselas.

También el original tiene su historia, pues bajo las rodillas pueden verse claramente algunos “remiendos”. La culpa de todo la tiene la agitada vida de este muchacho que el escultor Jérôme Duquesnoy creó en 1619 a cambio de 30 ducados. Los anales del museo hablan de al menos siete robos a lo largo de los siglos, y en varias ocasiones la escultura fue destrozada.

Uno de los robos más descarados tuvo lugar hace exactamente 50 años, el 17 de enero de 1963. Un grupo de estudiantes de Amberes sustrajo de su zócalo la estatua de bronce, que pesa 17 kilogramos y mide 55 centímetros. ¿La razón? Querían “llamar la atención sobre el problema de los niños con malformaciones”. Esa misma tarde, el muchacho volvía a su sitio.

CAMBIO DE ESCULTURA
Mucho más violento fue el robo que ocurrió dos años después. Arrancaron bruscamente al muchacho del zócalo, haciendo que la figura quedara destrozada. Solo sobrevivieron los pies y el zócalo. El cuerpo fue descubierto por casualidad un año después en el canal de Bruselas. Y aquello fue la gota que colmó el vaso: la ciudad decidió colocar una copia. “Por desgracia, siempre ha habido y habrá gente con ganas de hacer tonterías y destrozar el patrimonio”, dijo Nicolas Edelman, del departamento de Cultura de Bruselas.

Unas veces por un golpe malintencionado, otras por el intento de sacar dinero del bronce o llamar la atención, “los motivos son diversos”, cuenta la historiadora del museo Catherine Gauthier. Pero actualmente, la ciudad se lo pone difícil a quienes tienen las manos largas, pues hay videocámaras que vigilan la fuente, ahora protegida por una reja.

EL SECRETO DE SU ÉXITO
Pese a todo, quienes ven por primera vez el Manneken Pis suelen sentirse decepcionados. “Totalmente sobrevalorado”, dice un turista francés. “Es diminuto, ¡y encima zurdo!” Y lo mismo opina una estudiante italiana: “Había visto postales y pensaba que el Manneken Pis era gigantesco, pero es enano.”

Entonces, ¿cuál es el secreto de su éxito? Quizá sea la naturalidad con que el muchacho sucumbe a sus necesidades. Gracias a las leyendas que se originaron en torno a su creación, el Manneken Pis se convirtió en símbolo del valor y el desacato. Se dice que el modelo para esculpirla fue un muchacho que orinó sobre una antorcha con la que fuerzas enemigas pretendían sitiar la ciudad. Otra historia habla de que un ciudadano perdió a su único hijo durante unas fiestas y no lo encontró hasta cinco días más tarde, orinando. Feliz, mandó hacer una estatua en ese lugar.

Según Pierre Massart, de la oficina de turismo de Bruselas, el Manneken Pis “simboliza el espíritu de la revuelta, del inconformismo de Bruselas”. Y simboliza también la peculiaridad de saber reírse de uno mismo. Los belgas le muestran su afecto prestándole vestuario: durante 120 días al año, el muchacho aparece vestido, según la fiesta o el aniversario que se celebre. Pero siempre hay un agujero en la ropa para que salga el chorro de agua.

Así, a veces se ve al Manneken Pis vestido de Elvis Presley, otras con atuendo carnavalesco o con un preservativo enorme para marcar el día contra el sida. Todos sus 896 trajes se los debe al rey francés Luis XV. Y es que el monarca donó en 1747 un uniforme de gala en formato mini como disculpa por el robo de la figura por parte de uno de sus soldados. En el museo de la ciudad hay siempre expuesto alguno de estos trajes.