Chahuaytire: Tierra de grandes tejedores

En esta pequeña villa de agricultores y pastores de Písac en el Cusco se hacen los mejores tejidos del país

Chahuaytire: Tierra de grandes tejedores

IÑIGO MANEIRO

El viaje es toda una experiencia. De las buenas. Para grandes y chicos. Se sale de Písac, el gran destino del Valle Sagrado por su mercado artesanal, su sitio arqueológico que domina imponente esta parte del valle, sus ricos restaurantes y su misa en quechua, que se celebra todos los domingos y a la que acuden los diferentes cargos y autoridades locales, llamados varayocs, ataviados con sus bastones de mando.

Para llegar a la comunidad de Chahuaytire se asciende por el llamado Parque de la Papa, una iniciativa de agroturismo que busca mostrar la riqueza y variedades de este tubérculo que se cultiva en estos lugares. Atravesamos pequeñas localidades de agricultores, como Amaru, Cuyo Chico y Paru Paru, ricas en restos arqueológicos y que, algunas de ellas, se han organizado para ofrecer productos medicinales obtenidos de plantas silvestres, que se pueden adquirir en el hampinawasi, local que se encuentra en la comunidad de Amaru.

Chahuaytire se ubica en una gran explanada, rodeada de cerros y lagunas en sus partes altas, en un lugar que recuerda a la puna por sus extensiones de ichu y por las llamas y alpacas que se ven en los alrededores.

El sitio es tranquilo y tiene algo de coqueto. Sus casas están pintadas con arcillas de colores y en sus paredes hay inocentes dibujos de animales, personas y símbolos. Entre ellas se encuentra la placita principal de la comunidad, un canchón de pasto, donde se juntan los comuneros con sus telares de cintura y sus tejidos de colores, uno de los mejores trabajos que podemos encontrar en el Cusco.

COMUNIDAD DE TEJEDORES
Los tejidos están hechos en lana de alpaca o de oveja y están teñidos con tintes naturales extraídos de plantas y minerales. Azules, ocres, amarillos, verdes, rojos… una enorme gama de tonalidades para las que se usan hasta 150 variedades de plantas.

En cualquier día que uno llegue puede reunirse con los comuneros, quienes gustosos muestran todos los productos que elaboran: frazadas, bolsas, chalinas, fajas, pasadizos o pulseras. Pero, el día grande es la feria semanal que se realiza los miércoles. Los comuneros explican los dibujos que aparecen en las telas, los colores que usan, los tipos de tejidos que practican y, en algunas de las ocasiones en que he viajado a este lugar, he terminado almorzando con ellos, entre risas, niños y perros, papas nativas y sopa de quinua.

En la comunidad, la atmósfera que se respira tiene algo de encantadora y casi nunca te encuentras con gente de fuera. En este lugar de las alturas de Písac, rodeado de cerros verdes, los hombres y las mujeres se ubican en esa placita de pasto donde trabajan horas y horas con sus tejidos.

Cerca de la comunidad, a unos 20 minutos caminando, se llega a unas altas paredes de piedra del cerro Llamachayoc Qaqa que ofrecen un hermoso espectáculo: un conjunto de pinturas rupestres de color rojo y anaranjado y unos petroglifos que representan a grupos de llamas. Estas pinturas, de aproximadamente 5 mil años de antigüedad, fueron descubiertas por el historiador cusqueño Jorge Flores.


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