Conoce a los guardianes de la naturaleza

Estos tres personajes son peruanos que desde la costa, sierra y selva, dedican su vida al cuidado de nuestra naturaleza

Conoce a los guardianes de la naturaleza

Magdalena Machaca vive en el distrito de Chuschi, Ayacucho, en donde ahora hay 70 lagunas que favorecen al medio ambiente, al paisaje y a la comunidad. (Foto: Omar Lucas/Fábrica de Ideas/PACC Perú)

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(Foto: Omar Lucas/Fábrica de Ideas/PACC Perú)

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Juan Ángeles se encarga de cuidar la isla Lobos de Tierra, ubicada a 19 kilómetros de distancia de la costa, entre los departamento de Piura y Lambayeque. (Foto: AmbienTV)

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Postal de la Isla de Lobos de Tierra. (Foto: AmbienTV)

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Victor Machado resguarda el Descanso, un paraíso en Rioja, San Martín. (Foto: AmbienTV)

Por: Alexa Vélez – Sebastián Rubio /AmbienTV

En los rincones apartados del país, en esas geografías que tal vez no conoces, vive un grupo de héroes del medio ambiente. Hombres y mujeres que cuidan espacios naturales porque guardan la memoria de sus familias, porque dependen de sus recursos para vivir o porque forman parte de su cosmovisión.

El futuro según Magdalena

Magdalena Machaca le ha declarado la guerra al cambio climático. Se trata de una mujer decidida  que se ha propuesto escribir una nueva historia en el distrito de Chuschi (Ayacucho). Magdalena pertenece al grupo de familias que tuvo que buscar una nueva vida lejos de la amenaza del terrorismo. Ella vive hoy en el centro poblado de Quispillacta y lidera la Asociación Bartolomé Aripaylla, una organización creada para hacerle frente a las sequías. El paisaje de Quispillacta es hermoso, propio de una geografía ubicada a más de 3 mil metros de altura; conservar este lugar era un deber. Apostó por recuperar las prácticas ancestrales, puntualmente, la siembra y cosecha de agua. Esta práctica consiste en extraer el agua de los bofedales, con la ayuda de la potaja: una planta nativa que tiene la propiedad de traer a la superficie el agua del subsuelo. “Decimos siembra y cosecha para cambiar la concepción que uno tiene sobre los recursos naturales, que están para servir. Nosotros debemos servir a la naturaleza, para ayudar a que se regenere”, sostiene Magdalena. Hoy recorre las 70 lagunas que tiene la comunidad, algunas creadas por ellos y otras que han aprendido a conservar. Todo se lo deben a la yakumama, la madre del agua, por eso siempre le agradecen, le dejan ofrendas y le cantan.

El hombre de la isla

Cuando le preguntan a Juan Ángeles dónde vive, contesta que en una isla ubicada nueve horas  mar adentro. Así de increíble suena su respuesta, así de increíble es vivir en la isla Lobos de Tierra, un paraíso natural rodeado de playas de un azul intenso que albergan una importante comunidad de lobos marinos, pingüinos y tortugas verdes, entre otras especies más, ubicado en el límite entre Piura y Lambayeque. En ese lugar vive Juan, un guardaisla que pasa veinte días del mes cuidando la biodiversidad de esa geografía. “Me levanto a las 6 a.m., mido la temperatura, limpio la casa, hago mi desayuno y a las 8 hago ronda”, nos cuenta. Esa es su rutina, su vida. La isla mide 18 mil hectáreas y él, con la ayuda de dos compañeros, monitorea la flora y fauna del lugar. El trabajo es exigente, sobre todo porque cada rincón está habitado por miles de aves entre las que destacan los guanayes, pelícanos y camanayes. Estas últimas son las más territoriales y están en todas partes, son las  verdaderas dueñas del lugar. La mayoría podría entender este aislamiento como una tortura, pero para Ángeles vivir ahí es una necesidad.

La felicidad en el bosque

Para Víctor Machado, conservar el bosque es la misión más importante que tiene en la vida. Solo su familia podría anteponerse. Este amante de la naturaleza llegó a San Martín, al sector de Aguas Verdes en Rioja, a comienzos de los setenta, cuando participaba en la construcción de un tramo de la carretera Fernando Belaunde. El hermoso paisaje lo cautivó y lo llevó a tomar dos decisiones: comprar una parcela para cuidar cada centímetro del bosque y asentarse en ese lugar para siempre. Mientras en esos días un grupo de pobladores vivía de la tala ilegal, Don Víctor decidió avanzar contra la corriente y proteger de la deforestación ese paraíso al que bautizó como El Descanso. Allí descansa del ruido, de la contaminación, del tráfico. Después de 40 años confiesa que no se arrepiente de la decisión tomada, “me siento feliz de estar acá, me siento acalorado aquí y cerca tengo el río. Estoy desde 1973 y no me canso”. En este espacio natural, que es abierto al público y que Don Víctor Machado quiere convertir en un área de ecoturismo, se pueden observar miles de mariposas reposando en la orilla del río, monos, gallitos de las rocas y pequeños grupos de colibríes que probablemente vienen desde el Bosque de Protección Alto Mayo, ubicado a pocos minutos de este paraíso que este poblador se ha comprometido a conservar hasta los últimos días de su vida.


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