Cusco: recorre el Valle Sur sin hacer turismo convencional

El pueblo del chicharrón, el de los brujos, el del pan, el del barroco andino… una experiencia diferente en el ombligo del mundo

Cusco: recorre el Valle Sur sin hacer turismo convencional

IÑIGO MANEIRO

En realidad, el Valle Sur no se encuentra en el Sur sino en el Este, en el llamado Collasuyo, la larga ruta hacia el Altiplano y el lago Titicaca. En este valle, amplio y atravesado por el río Urubamba y las vías de tren que nos conducen a Puno, se ubican un conjunto de sitios y localidades de personalidad marcada y variopinta. Hay de todo: el pueblo del chicharrón, el de los brujos, el del pan, el del barroco andino… una serie interminable de temáticas para todos los gustos y para disfrutar de una experiencia diferente en el ombligo del mundo. La experiencia de descubrir sitios y lugares que muchas veces están fuera del circuito turístico convencional.

La salida del Cusco está marcada por dos importantes iglesias, San Sebastián y San Jerónimo, ubicadas en los barrios del mismo nombre. La primera, muy parecida a la Catedral cusqueña, fue fundada en 1560 como parroquia de indios y en su interior conserva hermosas pinturas de la escuela cusqueña. La segunda, también del siglo XVII, posee siete altares barrocos en su interior y se encuentra junto a una cruz con peana con varios petroglifos simbólicos y zoomórficos.

Dejando San Jerónimo entramos en el valle propiamente dicho y, en concreto, en la localidad de Saylla, ubicada a 15 kilómetros del Cusco y conocida localmente como el pueblo del chicharrón. Todo huele a chancho porque en todos los rincones hay puestos donde comer tocto, ñutuchicharro o chicharrón porque, según los lugareños, la calidad del agua disponible hace que como el chancho de Saylla no haya ningún otro.

Panza llena, corazón contento. Si en Saylla saciamos nuestra hambre física, en Huasao, dos kilómetros después, nuestros apetitos espirituales. Huasao es el pueblo de los brujos, el lugar donde mayor números de curanderos, chamanes y pacos se concentran de todo el departamento. Sus callejuelas están llenas de avisos de lecturas de la hoja de coca, de pagos a la pachamama, de baños de florecimiento y de limpiezas espirituales. A veces los precios están fijados y otras veces, dependiendo del visitante, el curandero y el servicio requerido, se negocian in situ. Hay gente seria y hay mucho floro. Hay especialistas únicos en poder espiritual y hay otros que recién se inician en estas artes. Algunos anuncian, como una especie de posgrado curricular, sus experiencias y aprendizajes en una de las mecas del curanderismo peruano: Lambayeque.

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