Encantos de Cabo Blanco, donde el mar es el principal protagonista

Refugio de pescadores y surfistas, esta playa atesora una historia de visitantes ilustres, que no parece haber hecho eco en su incierto presente

ALBERTO REVOREDO

Llegó a Cabo Blanco uno de esos días que parecen siempre ayer. “Me encontré una sirena, la llevé al altar y me quedé hasta ahora”, recuerda con una sonrisa picaresca don Pablo Córdova. De implacable vitalidad, su nombre encabeza la lista de los más célebres en esta apartada caleta de pescadores. Sitial al que subió como la espuma un otoño de 1956, año en que el escritor Ernest Hemingway arribó hasta el Perú en busca de merlines.

La comitiva de 20 personas llegó a Talara en un avión de la entonces aerolínea Panagra. Habían reservado por todo un mes el exclusivo Fishing Club, donde Don Pablo –a sus 22 años– era uno de los bármanes. “Hemingway usaba pantalones cortos, gorrito y polaca. Llevaba la barba crecida. Salía a pescar todos los días en cuatro yates. Era muy amable con todos, hablaba muy bien el español y le gustaba conversar con todo el mundo. Él y la señora María, su cuarta esposa”, rememora el hombre de los aperitivos. Pisco sour, martini, whisky: “Hemingway tomaba como cualquier otro”, dice don Pablo. “También le gustaba apostar a los caballos, así que me pidió que apostara por él. En ese tiempo la transmisión la hacía Augusto Ferrando”, agrega el longevo personaje.

Del Fishing Club solo quedan ruinas. En su época de esplendor era un lugar muy tranquilo. No había niños ni música. Rara vez se escuchaba un disco de Doris Day o Frank Sinatra. Estaba formado por veintidós socios, la mayoría extranjeros.

Todos estos recuerdos nos llegan a través de personajes como Pablo Córdova o Rufino Tume. Pescador amable y recorrido, don Rufino manejaba uno de los yates que llevó a esa comitiva mar adentro, en busca del poderoso merlín. En esa época, en Cabo Blanco solo se hablaba de pesca. El surf, tal como lo conocemos hoy en día, recién empezaba a ganar adeptos en Lima, gracias a Carlos Dogny, uno de los pioneros de este deporte.

UN CLÁSICO
Si bien actualmente se vienen haciendo esfuerzos para mejorar el malecón, lo cierto es que Cabo Blanco luce bastante olvidado. En años pasados, las fuertes lluvias se confabularon con los cerros, obligando a muchas familias a mudarse hacia el distrito de El Alto, a unos tres kilómetros.

Fueron pocos los que se quedaron en este lugar, aquellos que no pudieron quitarse el hechizo del mar, como el ya citado Don Pablo Córdova y su esposa Mercedes Tume. Ellos administran hace años el restaurante Cabo Blanco, donde la especialidad no podía ser otra que pescados y mariscos.

Tablistas, petroleros, funcionarios y todo aquel que cae por aquí hacen una parada en este lugar, famoso en todo el norte por su cebiche de mero. No dejes de probar su particular pulpo al olivo o unos frescos y enormes langostinos. En su recientemente inaugurado local, podrás disfrutar de una inigualable vista y divisar, con suerte, una que otra especie marina. También están a la vista las embarcaciones pesqueras y las maniobras de los surfistas.

Cabo Blanco es visitado por cientos de tablistas de todo el mundo, dadas las condiciones de sus olas, tubulares que rompen de izquierda a derecha. No es una playa para principiantes, debido a su cercanía a las peñas. La mejor época suele ser entre octubre y enero. El clima es tropical y seco todo el año.

VÍAS DE ACCESO
Para acceder por vía terrestre hay que viajar por la carretera Panamericana Norte hasta el km 1.137, donde queda el distrito de El Alto. Desde allí se toma un desvío de aproximadamente 7 kilómetros. También se puede ingresar, viniendo en dirección sur, por la entrada a El Ñuro. Existen muchas compañías de buses interprovinciales que cubren destinos cercanos. Si viaja por aire, el aeropuerto más próximo está en Tumbes.

Y si de hospedaje se trata, el hotel El Merlín es una de las pocas alternativas que encontrarás en Cabo Blanco. Este tiene capacidad para albergar a 32 personas. Cuenta con nueve habitaciones con vista al mar y cortinas ‘black out’ para disfrutar de una espléndida siesta, terraza con hamaca y baño privado. Además posee tres nuevas habitaciones con aire acondicionado, algunas con agua caliente. Utilizan tanques biodigestores y sistema de desagüe biodegradable, que les permite utilizar las aguas servidas para el riego del suelo árido de la zona.

En este mismo rubro, el grupo Inkaterra estaría por desarrollar un proyecto hotelero en esta zona, buscando posicionar la ruta del merlín. Sobre este tema aún no hay nada en concreto.


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