Escalada en roca: el arte de subir paredes

Este es un deporte poco extendido en el Perú, pero cada vez cuenta con más aficionados y lugares donde practicarlo

Escalada en roca: el arte de subir paredes

IÑIGO MANEIRO

Hacía tiempo que no iba por la Carretera Central y me sorprendió la rapidez con la que se atraviesa Huachipa por la nueva autopista. El viaje sigue igual: un aluvión de mototaxis, camiones, combis y, por llamarlas de alguna manera, máquinas a motor que a uno le sorprenden que hayan pasado la revisión técnica, cargando miles de ladrillos o sacos gigantes llenos de botellas de plástico vacías.

Nuestro destino: Tres Fisuras. Ubicado a la altura del km 43 de la Carretera Central, es una montaña repleta de paredes de granito. Viajé con Maribel Elías, geógrafa que lleva subiendo paredes desde hace 10 años, y que dirige Pirqa, donde se encuentra la palestra más grande del Perú con 15 metros de altura, una academia de escalada. En nuestro pequeño grupo también viajaba Rodrigo Melgar, carpintero, especialista en trabajos verticales y escalador, y cuya capacidad para fusionarse con las paredes verticales haría las delicias de Spiderman. Ambos me explicaban que hay dos modalidades: la escalada deportiva, que es la más segura, la que se asciende por paredes previamente equipadas por otros escaladores y la clásica, en la que el deportista va abriendo vía.

LUGARES PARA LOS PIES DE GATO
En el Perú, la escalada en roca todavía es un deporte poco practicado a diferencia de otros países. Acá son pocos los aficionados, pero se conocen bien. Entre ellos organizan viajes a lugares como Tres Fisuras o a otros destinos que cuentan con escenarios naturales y paredes de primer nivel como el bosque de rocas de Huayllay, Pachacámac, los castillos de Callalli en el Colca, Yaracmayo en la Carretera Central, Callacpuma en Cajamarca, Pachar en Cusco, o el paraíso para la montaña, Huaraz.

Para comenzar se requiere de tres equipos básicos: los pies de gato, un tipo de zapatillas de especial adherencia a la roca, el arnés y un casco. Hasta aquí la inversión es de unos US$250. A partir de ahí viene el resto: cuerdas, mosquetones, stopers, magnesio, chapas, etc. Los principiantes comienzan en lugares como Tres Fisuras, se entrenan en algunas de las palestras como las del colegio Roosevelt y Markham, en la Universidad Nacional Agraria o en cursos de centros como Pirqa y Basecamp Perú. La escalada combina el trabajo físico intenso y una gran concentración mental con la que se controlan situaciones de riesgo, vértigos o momentos en los que no se encuentra una presa, o punto donde agarrarse para seguir ascendiendo, mientras las fuerzas penden de un hilo. Al final es la experiencia de la satisfacción por haber logrado la meta, la cumbre de una montaña de piedra desde la que, como los pájaros, te sientes por encima de todo y de todos.

Lee más artículos de Iñigo Maneiro en nuestro blog Zona de embarque.