Estación central: viajes en tren por el Perú

El país tuvo una época dorada en desarrollo ferroviario, pero diversas causas motivaron su desaparición. Nuevamente hay rutas que recorren valles, desiertos, bosques y punas

Estación central: viajes en tren por el Perú

IÑIGO MANEIRO

Mi primer viaje en el Perú fue en julio de 1994 y lo hice en tren. Viajé de Arequipa al Cusco, pasando por Juliaca en un recorrido de 28 horas, en un largo tren repleto de gente y vagones. Todo era gente, vendedores ambulantes, animales y mercancías de diferentes especies. Para ir al baño tenía que caminar por los reposabrazos de los asientos porque no había un solo espacio libre donde poner el pie. Hoy la historia es otra y los servicios impecables. Mi hija, en cambio, viajó a los 4 años por primera vez a Machu Picchu en tren, nada menos que en el Hiram Bingham. Aprovechamos una invitación de Orient Express para realizar uno de los mejores viajes de lujo del mundo que une la estación de Poroy, en el Cusco, con el Santuario Histórico. Siempre me ha gustado viajar en tren porque ofrece otra forma de contemplar y vivir el entorno que recorres y de conectarte con la gente.

UN PERÚ LLENO DE VÍAS FÉRREAS
Investigando para este artículo me contacté con Elio Galessio, el hombre que quizá más sepa sobre trenes y su historia en el Perú. Como viajar en tren, conversar con Elio resulta fascinante. Me cuenta que en la época dorada de los trenes en el Perú, que se prolongó hasta 1930 donde comienza el declive, llegaron a haber más de 4.500 kilómetros de vías férreas. Hoy en el Perú existen unos 5.300 kilómetros de carreteras concesionadas. Me imagino un país atravesado por bellas locomotoras que recorren todos los ecosistemas, barrios y lugares de nuestro país: Piura, Salaverry, Lima, Chorrillos, Jauja, Pacasmayo, Arequipa…

Elio Galessio lleva más de 30 años investigando la historia de los trenes en el Perú. Ha investigado las 77 líneas férreas que ha habido o que siguen operando en todos los confines del país como la que une el Callao con La Oroya, Cerro de Pasco y Huancayo, de 535 kilómetros de longitud y que, además de ser la línea de tren más alta del mundo, tiene 61 túneles y 65 puentes, algunos de ellos verdaderas obras de arte. Muchos de los trenes han tenido que ver con el desarrollo agrícola, la minería y el petróleo. Otros unen comunidades y son un servicio fundamental para ellas, como la línea que va de Huancayo a Huancavelica, el llamado Tren Macho (porque sale cuando quiere y llega cuando puede), un bello recorrido de 148 kilómetros. Según Elio, esta línea sigue activa por la identificación que tienen los pobladores del lugar con ella, prefiriendo viajar en tren que en bus.

Nuestro país cuenta con el tren operativo más antiguo de Sudamérica, el que va de Tacna a Arica y que muchos turistas utilizan para atravesar el desierto. Los más conocidos son precisamente esos, los trenes orientados al turismo como el que va del Cusco a Machu Picchu, de 112 kilómetros o el que atraviesa las grandes pampas altiplánicas entre el Cusco y Puno. Son pocos pero, sin duda, son experiencias únicas de viaje y más en un país con la geografía y naturaleza que posee.


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