Pampa Galeras, el gran paraje de las vicuñas

La Reserva Nacional de Pampa Galeras une Nasca con el Cusco en una ruta llena de atractivos como la antigua fiesta del chaco

IÑIGO MANEIRO

La última vez que pasé por Pampa Galeras fue hace dos semanas. Regresaba de un viaje con mi amigo Alejandro por el corredor turístico Nasca-Cusco, un ida y vuelta en cuatro días. Cuando íbamos en dirección al Cusco, la reserva nacional tenía el característico color verde del ichu bajo un intenso cielo azul, en el que se perfilaban diferentes tipos de cactus y cerros de piedras. Las quebradas y las lagunas brillaban al sol y las tropillas de vicuñas cruzaban, entre tímidas y convencidas de que ese gran territorio de 6.500 hectáreas es suyo.

Cuando regresábamos del Cusco hacia pasamos por la reserva, justo al final del día, cuando el sol comienza a ocultarse detrás de las montañas. Estacionamos la camioneta convencidos de que nos encontrábamos en otro espacio sideral. Las pampas de ichu y los arroyos se habían transformado en mantos dorados con los últimos rayos del sol y, todo lo demás, cerros y carretera, se convirtieron en gigantescas manchas negras que bordean la reserva como si fuese el cráter de un enorme volcán.

GRITOS Y SILBIDOS
La Reserva Nacional de Pampa Galeras se creó en 1967 con el objetivo de conservar la vicuña, y años después se le dio el nombre de Bárbara d’Achille en homenaje a esta conservacionista asesinada por Sendero Luminoso. Aunque la vicuña es la especie que más abunda en este lugar de Ayacucho, ubicado a 4.000 metros de altura, es posible observar pequeños grupos de guanacos coronando los peñascos o pastando, pero no mezclados con las vicuñas y alpacas. En los cauces de agua, y en diferentes épocas del año, se ven las parejas de gansos andinos que mantienen su vínculo hasta la muerte; además de choccas, flamencos, aves rapaces, zorros y vizcachas.

En Pampa Galeras se concentra la mayor cantidad de vicuñas del mundo, normalmente en grupos de 12 liderados por un macho. Todos los 24 de junio se celebra un ritual, cuyo origen se pierde en el tiempo: el chaco. En él, los pobladores y pastores de las comunidades de Lucanas y de Puquio hacen gigantescos cercos humanos que, con sonidos, silbidos, gritos y ropas de colores agitándose al viento, van conduciendo a los animales hasta un corral. Comienza entonces la tarea de la esquila con la que se obtiene la lana más fina de todos los camélidos que existen y, después, liberan nuevamente a los animales a sus pampas de origen. Este año se han programado dos chacos más, con el objetivo de divulgar una actividad cuyo origen es anterior a los incas. Uno de ellos se ha celebrado el pasado 13 de julio y otro se va a realizar el 22 del mismo mes. En estos rituales se unen por igual la fiesta, la conmemoración del rito y la actividad económica que resulta de ese valioso recurso.


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