Por la ruta del Salkantay: una caminata de la nieve a la selva

Por su geografía, el Perú es un destino ideal para las caminatas. Una de las más bellas que recorre cerros, valles y bosques está coronada por el apu Salkantay

Por la ruta del Salkantay: una caminata de la nieve a la selva

IÑIGO MANEIRO

El Salkantay, después del Ausangate, es la segunda montaña más alta del departamento del Cusco. Cuando uno viaja por la carretera que va de Limatambo hacia el Cusco, el Salkantay con una altura de 6.271 metros aparece imponente por encima de las otras montañas de la cordillera Vilcanota. Su importancia radica en ser una de las rutas de acceso a la selva alta de Santa Teresa y en su nieve, fuente de vida para los valles que se encuentran más abajo, lo que la convierte en una de las montañas o apus tutelares del Cusco al que se le ofrecen los pagos.

Para hacer la caminata hay que dirigirse primero desde el Cusco hasta la antigua hacienda Mollepata, recorriendo parte de la carretera hacia Abancay. En ese viaje atravesamos localidades como Zurite, donde llaman la atención las enormes pampas donde las vacas pastan tranquilas; además de sus andenes, que son los más largos del Perú. Izcuchaca es una parada obligatoria para aprovisionarse en su mercado; Ancahuasi donde se ubica Quillarumiyoq, el templo dedicado a la luna, único por su diseño y que se encuentra junto a una cueva con petroglifos, y Limatambo, cuyo sitio arqueológico Tarawasi, está formado por muros y plataformas incas que soportan una hacienda virreinal.

ALBERGUES DE ALTURA Y BOSQUES ENANOS
Salkantay quizá sea una de las rutas, de las que se ofrecen en la actualidad, más fáciles de hacer. Durante cuatro días se recorre un trayecto caracterizado por un suave y progresivo ascenso desde Mollepata hasta el abra de Salkantay, ubicada a 4.600 metros sobre el nivel del mar, para después, iniciar un largo descenso desde el abra hasta la selva alta de Santa Teresa, en La Convención. Es decir, nos encontramos ante un espectáculo de cambios sucesivos de ecosistemas, de los valles andinos a los nevados y montañas de roca negra, y desde estas a los amplios y cálidos valles de orquídeas, heliconias y guayaquiles de la parte baja, pasando por los bosques enanos cubiertos de líquenes y musgos, por los estrechos y empinados cañones que forman el bosque de nubes, y por algunas localidades de agricultores que retan a las pendientes de los cerros para sembrar sus cultivos.

La ruta del Salkantay es una de las pocas caminatas, junto al Ausangate, que se puede realizar en campamentos o a través de cómodos albergues ubicados estratégicamente a lo largo del camino. El destino final es la estación hidroeléctrica del tren y Santa Teresa, desde donde muchos de los que hacen la caminata completan su viaje con una visita a Machu Picchu. Otros, como lo hice yo, se quedan en Santa Teresa para disfrutar del canopy más largo de Sudamérica y, antes de los huaycos que sufrió el Cusco hace dos años, de los mejores baños termales que existían en el Perú y que fueron borrados del mapa por la fuerza de las lluvias.