Rutas mágicas: Madre de Dios y las iniciativas para la conservación y los viajes

Varias familias, cerca de Puerto Maldonado y a lo largo del río Tambopata, nos ofrecen grandes historias de naturaleza en el bosque

Rutas mágicas: Madre de Dios y las iniciativas para la conservación y los viajes

IÑIGO MANEIRO

Al final, lo que gusta, es una buena historia, y en la selva uno siempre se encuentra con muchas de ellas. En esas historias se unen mitos y leyendas, relatos de aventureros, emprendedores y viajeros, cuentos de seres que van más allá de su realidad. La selva y su gente son generosas en narraciones que hacen que cualquier experiencia, por trivial que pueda parecer, termine convirtiéndose en una vivencia única.

Cerca de Puerto Maldonado hay 16 iniciativas diferentes que forman el Corredor Ecoturístico Tambopata. Una parte de ellas se encuentra a lo largo de 13 kilómetros en la zona de amortiguamiento de la Reserva Nacional Tambopata, a escasos 20 minutos de la plaza principal de la ciudad. A otras, en cambio, se llega surcando el río. Todas han sido levantadas por el esfuerzo de personas y familias que se imaginaban un bosque sin depredadores ni mineros informales, una selva donde los guacamayos sigan volando, en la que las sachavacas y los sajinos caminen tranquilos por sus trochas y donde las flores nos sigan ofreciendo color. Y lo lograron.

YOGA Y CASTAÑAS
La diversidad de esas experiencias es como la diversidad del bosque amazónico. Allá donde caminas siempre encuentras una flor, un árbol, un animal distinto. En la ecoaldea Kapievi de la familia Zlatar puedes hacer yoga, comer comida casera vegetariana, recibir masajes o introducirte en el mundo de la permacultura.

En El Parayso, la familia Balarezo Yábar ha levantado unos búngalos que miran al río y que están rodeados de frutales y palmeras. Te puedes tumbar en hamacas para escuchar sus historias sobre el recorrido que hicieron por las selvas del Cusco y Madre de Dios buscando un lugar donde vivir.

La familia Zambrano, del refugio Kerenda Homet, consiguió un terreno casi muerto en el que sobrevivían unas cuantas cabezas de ganado. Luego de 20 años de trabajo y pasión, ahora es una selva frondosa donde los monos juegan en las lianas y en las ramas de los árboles. Como lo hacen también los animales que se recuperan en el Centro de Rehabilitación y Conservación de Animales Silvestres que dirige la familia Salinas. Un lugar en el que se recogen animales del tráfico ilegal de especies para que, después, vuelvan a poblar los bosques y las selvas.

Río arriba se encuentra el Centro Etnobotánico de medicina tradicional Ñape, que trabaja con los albergues de Rainforest Expeditions, el lodge El Gato y su mágica caída de agua o el Castañal, de la familia Valera, donde el viajero se introduce en el fantástico mundo de estos gigantescos árboles que solo viven en la triple frontera de Perú, Brasil y Bolivia.

Muchas de estas iniciativas combinan sus propias experiencias con alojamiento, alimentación y las visitas a los principales atractivos del lugar, como lagos, collpas o excursiones de día y de noche buscando animales en la selva. Pueden ser viajes de un día o paquetes de varios días en uno de esos lugares o combinando varias de las iniciativas.

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