Tarapoto, confines de una selva amable

Conoce los mayores atractivos de una de las principales urbes turísticas y comerciales de la Amazonía peruana

Tarapoto, confines de una selva amable

ALBERTO REVOREDO

Delirios: sirenas que habitan en espejos de agua. Alucinaciones: pequeños diablillos llamados chullachaquis, que deambulan camuflados entre los matorrales. Hipnosis: grillos perpetrando metálicos y lascivos sonidos en el fulgor de la noche. Fiebre: sueños que son parte de una realidad amazónica tremendamente ignorada, inconmensurable, misteriosa.

Aterrizamos en Tarapoto pasado el mediodía. El cuerpo lo siente y la mente lo intuye: será una experiencia distinta. A solo 15 minutos en auto se encuentra el hotel Puerto Palmeras, donde nos hospedaremos. Piscina, caballos, bicicletas, diversas actividades para niños y hasta su propio lago. Ya sea que busque tranquilidad o diversión, esta es sin duda una de las mejores alternativas para pernoctar en la llamada Ciudad de las Palmeras. Cerca de la Plaza Mayor visitamos el restaurante de fusión italiana y amazónica Chalet Venezia, donde también encontramos deliciosos panes por la mañana.

Al día siguiente salimos hacia Lago Lindo, a una hora de camino. La carretera está en perfectas condiciones, pero temerarios mototaxis y camiones parados en plena vía –que recogen papayas en la ruta– nos recuerdan que aún falta mucho por hacer. “Se debería gastar más en educación y menos en rompemuelles”, nos dice Carlos González, ineludible personaje afincado en estas tierras. Al volante, y con su imperioso pañuelo en la cabeza, el director de la Corporación Turística Amazónica nos muestra que más allá de ser un empresario, es un verdadero amante de Tarapoto.

En la ruta se suceden cultivos de arroz, tabaco y pastizales para el ganado. Un letrero que dice Puerto López, nos muestra el desvío a la izquierda para cruzar el río Huallaga. Allí, una embarcación nos llevará hasta la otra orilla, con camioneta y todo, por S/.10. El calor se vuelve envolvente, transformador, narcótico. La primera parada –ya del otro lado– es Limoncocha, otro de los apacibles lagos que Carlos se ha propuesto recuperar. Seguimos luego en ascenso y optamos por hacer a pie el último tramo del trayecto hasta Lago Lindo. Desde arriba se puede divisar nuestro destino final, con las esculturas en piedra de Jaime Obregón en el camino. Del otro lado observamos toda la belleza de la Laguna Azul. Tras 45 minutos de caminata llegamos finalmente al Tarapoto Bird Watchers Paradise.

Flashback. Apostados sobre una hamaca, sucumbimos sin oponer resistencia a lo ya dicho. Placenteros delirios y alucinaciones en un remoto paisaje. Lejos de la confusión y los engaños citadinos, el mundo al revés, con las puertas abiertas. Ese otro universo, que flota sobre espejos de agua y que nos muestra el cosmos en otra dimensión, en un entorno donde la naturaleza es el poderoso protagonista. Más allá: delicias meditativas y espirituales, Lago Lindo también ofrece al visitante una serie de placeres mortales: paseos en kayak, distendidos baños en el lago, una partida de billar, caminatas, tragos y comida regional, un cielo de mil tonalidades, sonidos inusuales, incursiones en bicicleta, avistamiento de una inimaginable flora y fauna, dilatadas conversaciones, personajes insospechados y la sensación de poder extender las horas más de 60 minutos.

DE PIEDRA Y AGUA
La ciudad de Lamas, a unos 20 km de Tarapoto, es conocida como la Cuna de la Ingenuidad y la Capital de la Inocencia Amazónica (esto ya no es una alucinación). Se dice que es la segunda ciudad fundada por los españoles en 1656, tras conquistar a los herederos de los chankas y los pocras que habitaban esa zona. Se trata de uno de los pueblos más antiguos de la Amazonía peruana, donde residen actualmente comunidades quechuahablantes, andino amazónicas, como la que visitamos en el pueblo de Wayku. Es un lugar para caminar con calma, disfrutando del gran patrimonio cultural, folclórico y turístico que ofrece. Obtenga una gran vista de todo este paraje desde el Mirador de la Cruz.

Una de las particularidades de Lamas es, sin duda, su castillo. Construido hace siete años por el italiano Nicola Felice, la excéntrica estructura recoge toda la influencia medieval europea. El recinto planea ser un lugar de trabajo e inspiración para pintores y escultores, con habitaciones a su disposición. Fungiendo, además, como una especie de centro cultural, la galería del castillo será inaugurada en Semana Santa con la muestra del pintor amazónico William Rengifo. Si está interesado en el arte local, le recomendamos ver la obra del artista Juan Luis Echenique, cuyos personajes pueblan muchas de las paredes de la Corporación Turística Amazónica.

Reservamos el último día de nuestra estancia en Tarapoto para conocer las cataratas de Ahuashiyacu. Tomamos la otrora carretera Marginal de la Selva hacia el norte y luego un desvío por la carretera que enlaza Tarapoto con Yurimaguas en tan solo 3 horas. Para su información, usted puede viajar de Yurimaguas a Iquitos por vía fluvial, en tres días. Llegamos a las cataratas en solo 20 minutos. Ya en el lugar, se realiza una pequeña caminata hasta la parte alta, donde los visitantes suelen bañarse. Al sonido de la caída de agua se suma el de las aves endémicas. También podrá observar mariposas morpho y disfrutar de inspiradoras bebidas exóticas que lo animarán a salir por la noche.


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