Un día sin WiFi: ¿Se pierde de algo la mamá que no se conecta?

De cómo Internet y las redes sociales han cambiado la maternidad y los estilos de crianza.

Un día sin WiFi: ¿Se pierde de algo la mamá que no se conecta?

Conectadas a Internet nos sentimos muy acompañadas y, al mismo tiempo, muy solas. Así, ambivalencia y contradicción parecen ser nuestro segundo nombre.

 

Por  Ana Paola Durand.

Desde que existe Internet, las dudas o preocupaciones sobre la crianza de los hijos se comparten y resuelven instantáneamente, a cualquier hora del día o la noche. Mensajes van y vienen entre madres participativas y colaboradoras que, aunque nunca se hayan visto en persona, naufragan en la misma red social, blog o inclusive grupo de Whatsapp.  Estas mamás, principalmente millennials,  sobreinfomadas, hiperconscientes de su maternidad, actualizan sus estados permanentemente y están disponibles siempre en línea,  buscando desesperadamente a otras mamíferas con quienes compartir y hacer catarsis sobre lo más hermoso y revolucionario que les pasó en sus vidas, mientras leen quotes de autoconfianza y paz interior y sonríen con naturalidad para un próximo selfie. Madres buenas y preocupadas que buscan recetas con harina de quinua y kiwicha para sus críos y que no descansarán hasta encontrarles el mejor bloqueador solar biodegradable del mundo. 

Pueden ser políticas, religiosas, defensoras de la teta y el apego, veganas, feministas o de mil maneras. Todas muy disímiles entre sí y al mismo tiempo muy parecidas; sobre todo cuando sugieren una forma, por lo general única, de vivir la maternidad. Si a eso le sumamos la tendencia a comparar hijos propios con ajenos y una escueta confianza en la intuición, puede entenderse que algún descorazonado (a) nos ubique en geografías próximas a las sectas, los comportamientos alienantes (en todas sus acepciones) y las neurosis.  Es más, si hago el fútil ejercicio de mirar mis propias publicaciones de Facebook e Instagram, tomándome el tiempo de retroceder como lo haría cualquier aburrido seguidor hasta el 27 de junio del 2014, fecha en la que nació mi niño, yo también me ubicaría en ellas sin dudarlo. En mi humilde wordpress, concebido desde el puerperio, nos gusta conversar sin hacernos responsables de nuestras palabras sobre algunos miedos y fundamentalismos.  

Solo tres consideraciones: 
1: Nadie decide ser así por placer. 
2: Conectadas nos sentimos muy acompañadas. Conectadas nos sentimos muy solas. La ambivalencia y la contradicción es nuestro segundo nombre. 
3.  Los blogs, comunidades o grupos de crianza en Facebook son espacios creados por algunas de las madres descritas líneas arriba y parecen ser de incumbencia solo para las madres descritas líneas arriba, salvo una que otra masculina excepción que se manifiesta. ¿Dónde están todas las opiniones o preocupaciones del resto de padres? 
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La maternidad y el espectáculo en Internet (o como fuente de escándalo). Una madre da de lactar en un centro comercial,  publica un #brelfie (breastfeeding selfie), o se sienta en una curul del Parlamento con su bebe de 6 meses entre brazos (como lo hizo en enero de este año la diputada española Carolina Bescansa en gesto simbólico por visibilizar la maternidad y los temas de cuidado infantil en las instituciones) y de inmediato rebotan polémicas innecesarias y críticas cucufatas que aducen exhibicionismo, en lugar de incluirse en la agenda lo realmente urgente y relevante: que estas madres se la están ingeniando por su cuenta, como pueden, sin normativas justas ni mayor consideración legal o política de por medio,  para compatibilizar crianza y trabajo y poder acomodarse, absurdamente como si fuesen hombres,  a una dinámica social, laboral y económica diseñada por ellos.  


Aunque ya existen demasiados blogs de crianza (solo en Estados Unidos se han registrado más de 3 millones de mommy blogs), por más que por ahora se traten sobre todo solo de páginas creadas por mujeres y para mujeres, celebremos que al menos virtualmente los temas de parentalidad tienen la opción de ventilarse y salir del clóset. Por último, y no por eso menos importante, hablando de celebraciones, ¿qué quiere de regalo una mamá 2.0 este 8 de mayo? Desde el fondo de su corazón, desea un solo día sin Wi Fi.  

 

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