Verónica Linares: "Ellos y ellas"

¿Por qué somos tan distintos o para qué? ¿Acaso hay alguien allá arriba divirtiéndose con nosotros?

Verónica Linares: "Ellos y ellas"

Francesca lo persigue sin descanso ni disimulo. ¿Les ha pasado a veces que están tan concentradas en lograr un objetivo que se olvidan del mundo? ¿Qué hacen cosas sin importar el qué dirán? Bueno ella estaba así. Desde que se conocen, para pendiente de él. Anticipa que coincidan en algún lugar, crucen miradas y él le regale una sonrisa.

Él, como la mayoría de hombres, ni en cuenta de lo que está ocurriendo a su alrededor. No es que Francesca le sea indiferente, pero vive en lo suyo. Me consta que la quiere mucho, veo brillar sus ojos cada vez que se encuentran. Pero parece que ese gesto le basta para demostrarle cariño. Nosotras somos diferentes cuando se trata de expresar sentimientos.

Nunca me he atrevido a decirle que lo mande al cacho y se olvide de él. Ambos se verán con frecuencia y no quiero generar conflicto. Sin embargo, alguna vez le he aconsejado que lo trate con indiferencia para ver cómo reacciona. Pero Francesca no me hace caso y hace bien. Ella actúa sin malicia y casi por instinto. 

Hace unos días consiguió lo que tanto quería: no solo captó su atención sino que lo tuvo -literalmente- atrás de ella por un rato. Lo increíble es que fue ella la que se aburrió de la situación. Me pregunto si lo único que quería era demostrar control. Sentir que si ella quiere, puede desequilibrarlo en segundos. Acaso solo quiso darse el gusto de tenerlo en sus manos. O quizá solo le gusta perseguirlo. ¿Será que le encanta el camino y no necesariamente el destino?

¿Saben qué hizo? Astutamente identificó qué es lo que él más quiere en la vida y en un dos por tres se lo arrebató. Me encantaría saber los detalles de su hazaña, pero como aún no sabe hablar cuando le pregunté, solo balbuceó algunos sonidos. Francesca es mi sobrina y ahijada de 17 meses de edad y el jovenzuelo aún novato en temas femeninos es mi hijo Fabio, tres meses mayor que su prima. 

Seguro han escuchado muchas veces que los padres que tienen hijos hombres y mujeres resaltan la diferencia en su desarrollo. Ellas hablan pronto, caminan antes, entienden las cosas con rapidez. Mi hermana y yo tenemos el privilegio de criar a nuestros hijos juntos, casi como si fueran mellizos y lo cierto es que verlos jugar no me disipa dudas sobre nuestro género sino que me genera aun más preguntas. ¿Por qué los hombres y las mujeres somos tan distintos o para qué? ¿Acaso hay alguien allá arriba divirtiéndose con nosotros?

Fabio todo lo convierte en carros, llantas y pelotas. Francesca disfruta perseguirlo a donde vaya. Aquel día él jugaba con una pelota que al rebotar se ilumina. Ella lo seguía por cada rincón del cuarto de juegos. Quería abrazarlo y darle un beso. Fabio soportaba por unos segundos tener colgada en el cuello a su prima y luego me miraba con cara de: ‘Mamá o la sacas tú o la saco yo’. Quería seguir jugando, solo. 

Entonces por un momento ella se quedó quieta observando y en un descuido le arranchó la pelota y empezó a correr. Fabio atrás de ella. ¡La escena fue tan divertida!. Luego ella se detuvo y mirándolo finalmente a los ojos le devolvió la famoso pelotita. 

Fabio es muy sociable y a veces busca a otro niño o niña para darle sus juguetes, pero solo a veces. Las niñas en cambio se relacionan entre ellas desde el año y medio. Lo veo en el nido de mi hijo.

Ellos toman lo que les place y juegan. Incluso sin importar que otro lo haya tenido primero. Ellas actúan en grupo. Es la hora de jugar con el castillo y todas se van al castillo. Es la hora de jugar al té y todas alrededor de la mesa. Por ahí se acerca uno que otro hombrecito interesado en ver qué están haciendo y punto. 

Un vez escuché a una psicóloga explicar con un ejemplo la diferencia entre hombres y mujeres: suena la campana del colegio y todos salen al recreo. Ellos van corriendo al jardín y sin mucho trámite juegan al fútbol. Ellas se demoran un poco en armar su juego. Una le pregunta a la otra si quiere jugar con ella. Esta le responde que otra niña ya le había pedido primero para jugar. La niña choteada se va triste pensando en qué tiene ella de malo. La que decidió irse con otra amiga se siente mal por no haber aceptado la invitación. ¡RING! termina el recreo. Los niños entran sudando a clases. Las niñas se miran de reojo. 

¿Ustedes creen que ellos se divierten más que ellas? No sé, pero lo que sí creo cierto es que ellos aprovecharon más el tiempo. No me sorprendería que ese lío entre chicas dure incluso toda una semana, sino hasta fin de año. ¿No es más fácil hacerse menos preguntas? Espero que Fabio aprenda de la astucia innata de Francesca y que él le enseñe que también es divertido jugar solo

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