Lizzy Cantú: Explotación cerebral

Nuestro mundo interior nos envía a laberintos que nos impiden evaluar con claridad las interacciones con los demás

Lizzy Cantú: Explotación cerebral

"Sobreexplotar nuestra capacidad pensante para angustiarnos es una tarea tan inútil como ir a sufrir cada tres semanas a cambio de un cuerpo completamente desprovisto de vellos", sentencia Lizzy Cantú en su columna semanal

Por Lizzy Cantú

Lamentablemente, sentenció la mujer, a usted le tocó trabajar con el cerebro. El diagnóstico me encontró desprevenida. La cita no es textual porque en ese momento yo estaba tendida sobre una camilla, desnuda de la cintura para abajo y ella untaba las bisagras superiores de mis piernas con una pegajosa sustancia ardiente.

Hacía apenas unos momentos yo me había puesto en las manos de esa extraña para que me depilara los muslos. (Chisme al margen: Milagros, la chica que solía encargarse de estos, mis íntimos arreglos, renunció sin dejar rastro hace más de un mes). Entonces, en la intimidad de la cabina, la depiladora me había palpado las piernas y había dictaminado que, o yo estaba embarazada (¿estaba?) o era hipertensa (¿ya se ha hecho ver?) o comía con demasiada sal (¿cuida su dieta?).

Bajo la lámpara me sentí obligada a hacer una declaración con tono confesional: La verdad es que paso demasiado tiempo sentada. No tuve que agregar nada más. De pie, hiperkinética y ligera, la depiladora experta me condenó a ‘este bando’. El bando de las oficinistas sedentarias, las plantas de sombra, criaturas de clima artificial y aire acondicionado.  Mientras ella llevaba la cháchara por otro lado, mis neuronas empezaron a dar vueltas sobre sí mismas y se estancaron en su comentario. ¿Lo dijo con sorna? ¿Con resentimiento? ¿Con desprecio?

Lo cierto es que, con frecuencia, nuestro femenino mundo interior nos envía a estos laberintos que nos impiden evaluar con claridad nuestras decisiones e interacciones con los demás. Sucede en los lugares de trabajo y también sucede que nos complicamos cuando intentamos decidir qué llevar en el neceser.

A ellos, que no llevan cartera y suelen decir lo que piensan con menos rodeos, me parece que les sucede menos que a nosotras. Trabajar con el cerebro no es ni insulto ni elogio. Pero sobreexplotar nuestra capacidad pensante para angustiarnos es una tarea tan inútil como ir a sufrir cada tres semanas a cambio de un cuerpo completamente desprovisto de vellos. 

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