Lorena Salmón: "Hacia adentro, no hacia afuera"

«Necesitamos reforzar los valores que importan, así nuestros hijos sean pequeños [...]», nos dice Lorena Salmón

Lorena Salmón: "Hacia adentro, no hacia afuera"

Lorena Salmón: «Para Antonia y sus 7 años, la fama, el dinero y la belleza superficial son conceptos a los que ha adjudicado valor, cortesía sospecho, de las series que ve en cable.»

Tengo 34 años y tengo granos. Nunca los tuve  durante la adolescencia, ni después, recién ahora; así que el tema para mí es una novedad. De hecho, tanto que fui a un dermatólogo que me explicó que se debía a un tema hormonal. 

Trato de no darle importancia, a pesar de que mi hija me haya dejado claro que tener granos es igual de desagradable que ir pensando en el regreso a clases con este calor. 
Precisamente el otro día me dijo,  en una muestra de cariño inusitada, — Mamá qué bonita estás, pero te falta soltarte el pelo. Siempre vas a estar más bonita para mí con el pelo suelto. 

Entonces yo le respondí: 
—Probablemente, Antonia, pero elijo estar cómoda antes que bonita y con este calor, necesito amarrarme el pelo para estar más fresca.  
 —¡Ay, mamá! Con el pelo suelto te puedes tapar los granos de la frente que son asquerosos— respondió enfáticamente. 
Me reí, algo conmovida. 

Para Antonia y sus 7 años, la fama, el dinero y la belleza superficial son conceptos a los que ha adjudicado valor, cortesía sospecho, de las series que ve en cable (la mayoría de  Nickelodeon) y los estereotipos de toda la vida: la chica famosa versus la chica nerd, la rubia bonita y superficial, y así infinitos. En casa, lo único que escucha de mí es que hay que preocuparnos por ser más bonitas personas: pensando en los demás, siendo generosos, compartiendo, no juzgando.  

Pero como son conceptos que pienso no le hacen mucho rebote, le conté que había ido a un dermatólogo para que me diga qué hacer con mi piel y me dijo que tenía que tomar antibióticos para eso. Entonces, le expliqué que a pesar de tener esa opción y que podía tomar pastillas para verme quizás mejor, elegía quedarme con mis granos. Le comenté que no voy a tomar medicinas por unos granitos pues no son importantes. 

Pienso que con ese argumento le hice entender mi punto de vista y me reconfortó saber que entendió, porque ella prefiere no comer postre a tomar cualquier medicina que recete el doctor.

Luego me quedé pensando sobre la necesidad de reforzar los valores que realmente importan, así nuestros hijos sean pequeños o sus opiniones nos parezcan graciosas o demos por sentado que son ideas que cambiarán solas con el tiempo.

Porque no es la piel perfecta, ni el peso perfecto, ni el rostro perfecto, ni la fama (que mi inocente hija piensa que alcanzará cuando sea cantante como Taylor Swift), ni la cuenta de banco perfecta para lo que debemos trabajar o por lo que nos debemos de preocupar. No: la mirada es  hacia adentro para precisamente erradicar desde adentro este tipo de creencias, que absorbemos como esponjas, desde que nos compran nuestra primera Barbie perfecta. 

 

 

 

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