Lorena Salmón: "Nadie te quita lo bailado"

Un festival de música te da la licencia de vestir rompiendo cualquier código

Lorena Salmón: "Nadie te quita lo bailado"

Estoy sentada en el lobby del hotel Row, en pleno corazón de Times Square, observando cómo en un lapso de 10 minutos, el vestíbulo se repleta de grupos de viajeros que recién llegan a Nueva York. Sus looks son diversos, pero la mayoría lleva impresa la etiqueta de turista: polos de algodón, shorts o pantalones cómodos y zapatillas. Si vas a venir a Nueva York, debes tener zapatos cómodos porque vas a caminarte la vida.

Ese sería mi principal consejo, señoritas con destino a la Gran Manzana: dejen la pretensión de lado y usen zapatos que les permitan moverse con tranquilidad.

Pero no quiero distraerme de la intención principal de esta columna, que es contarles para qué vine. Estuve tres días en un festival musical de nombre Governor’s Ball. Un evento de música independiente que, según mis cálculos, debe haber recibido 150 mil personas intoxicadas de pura felicidad musical.

Un festival de música te da la licencia de vestir rompiendo cualquier código. Es el escenario perfecto para dejar salir toda tu creatividad y vestirte libre; exponerte tal y como quieras, comunicar lo que te plazca. De ahí que la gente vaya disfrazada, literalmente: vi desfilar comparsas enteras como la de los personajes del Mago de Oz, con Dorothy, el hombre de hojalata, el león y el espantapájaros y parejas ataviadas como los Power Rangers, por nombrar algunas.

Ellos eran los evidentemente caracterizados, pero estaban los demás, los que a través de su look bizarro, llamativo casi disfraz sin disfraz, buscaban lucir diferente a la masa.

Las mujeres jugaban con los siguientes combos: 1) Vinchas o coronas de flores (vaya influencia de

Lana del Rey, una de las principales representantes del look indie), shorts de denim hasta mitad de la nalga (mismo virus que se esparce en tierras locales durante los veranos); tops tejidos a crochet; botines para la lluvia marca Hunter o de plano, pies descalzos. 2) Vestidos de encaje, sandalias gladiadoras (que lucen como la cosa más incómoda del mundo, y corríjanme si me equivoco); e invernales gorros de fieltro.

En cuanto al look de belleza, los festivales dictan pelos multicolores (sí, los que recién se están poniendo de moda en Lima), tatuajes falsos en colores metálicos y con diseños tribales, y stickers de colores colocados con delicadeza por encima de las cejas o usados como bindi hindú.

Para los hombres, el look del leñador sigue siendo el absolutamente ganador: no quiero exagerar pero un sólido 80% de chicos llevaba barba larga, o de incipiente crecimiento, camisa remangada, bvd con la sisa por debajo de la axila, shorts y botines de invierno. (Ok, en ciertos barrios de Lima la cosa no es tan distinta).

En realidad, lo irónico del escenario era que detrás de todos estos looks llamativos había una intención de demostrar individualidad. Y al final, a pesar de tanto esfuerzo, todos parecían una gran masa de uniformados. No obstante creo que eso es lo último a lo que le deberían dar importancia. Excepto tal vez yo, que soy curiosa, todos estaban aparentemente embriagados en un trance donde parecían no mirar a los demás, y donde seguro todos pensaban: Qué importa, igual nadie me quita lo bailado.

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