Lorena Salmón: A sacar las varitas

Tenemos la oportunidad de hacer lo que queramos, pero hay que ponerle mucho trabajo

Lorena Salmón: A sacar las varitas

 

Marcelo Rosenbaum llegó a Lima para participar en Casa Cor, esa fiesta de la arquitectura y del diseño local que se llevó a cabo en el Callao recientemente. Tuve la suerte de escucharlo en una charla dirigida a los artesanos peruanos. Sucede que este diseñador paulista extremadamente famoso en su país, se distingue por el trabajo que ha realizado durante décadas con las comunidades de artesanos brasileros. A él le importa impulsar la multiculturalidad y revalorizar este legado. 

Hacía tiempo no escuchaba a un hombre más sensato, cuerdo y con sentido de comunidad. No lo escuché hablar jamás desde el ‘yo’, ni salió de su boca ‘mis proyectos’. No. La enseñanza que nos dejó es que el mundo necesita pensar en oportunidades, que debemos acabar con ese sistema de creencias en el que entendemos la pobreza como falta de dinero en el bolsillo y comencemos a ver la riqueza en los recursos que tenemos al alcance. Él nos invita a darnos cuenta de que la única fuerza que nos mueve y motiva es el amor y que gracias a Dios es la más grande de todas.

¡Y lo más increíble es que se trataba de una charla acerca de diseño! Los artesanos asistentes, como yo, no podían ocultar la sonrisa que su espíritu nos despertaba. 
El mensaje era claro: tenemos la oportunidad de hacer lo queramos, pero hay que ponerle intención y mucho, mucho trabajo. Si trasladamos estas ideas al plano de la moda, –ejercicio que puede hacerse fácilmente–, debemos pensar en producir no una prenda, sino una historia que algo te cuente.

Que te cuente quiénes están detrás de esa ropa que el cliente quiere comprar, de dónde vino el material, cuántas horas de trabajo a mano se invirtieron y cuánto talento se puso sobre esa prenda, que no es solo una prenda sino toda una cadena de intercambio de energía, sudor, corazón e intención.

Bajo esa perspectiva, celebro la llegada de la nueva macrotendencia, aquella que ha venido a destronar al normcore, esa donde lo básico se convirtió nuevamente en moda y donde el look de Seinfeld –jeans baggys, zapatillas deportivas, polos de algodón– fue el referente por excelencia. La cosa se va a poner fantástica: así de lindo como suena. En realidad se trata de un caos mágico y no se asusten que no nos vamos a disfrazar de brujos. Lo que va a pasar es que la ropa va a apuntar a la experiencia de la gente. Hablará de su libre voluntad, de sus decisiones, de lo que hay detrás de lo que cada uno elige ponerse y manifestar. 

Por ejemplo, en el show de Alessandro Michele para Gucci, el diseñador dejó una nota en cada silla con el mensaje de cuán importante son los recuerdos y nuestras memorias. Y aquellos que fueron al desfile de Ricardo Tisci de Givenchy en Nueva York pudieron sentir la llegada de la tendencia: el desfile fue abierto al público en general, en un muelle con la Zona Cero de Nueva York como telón de fondo, al aire libre y con el sunset pintando el cielo. Mágico y maravilloso. Un homenaje a ese espacio que parecía una obra de arte y que, en realidad, era pura magia.

 

 

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