Natalia Parodi: "Abuso sobre abuso"

La violencia sexual se nutre de indiferencia y de discusiones que distraen del llamado de solidaridad y de humanidad

Natalia Parodi: "Abuso sobre abuso"

Bastante se ha discutido la opinión del congresista Juan Carlos Eguren en la que comenta que es casi imposible embarazarse a causa de una violación. Yo voy a subrayar aquí algunos puntos que es fundamental aclarar sobre esta afirmación:

Es equivocada: El Centro de Derechos Reproductivos (CRR [en inglés]), una organización internacional dedicada a la defensa de estos derechos, declaró a BBC Mundo que en América Latina son cientos los casos de violación que resultan en embarazos*. En el Perú, solo en el Instituto Nacional Materno Perinatal (la ex Maternidad de Lima) el 14% de los embarazos adolescentes registrados durante el 2014 fue producto de violación**. Esos 370 casos del instituto son una muestra de lo que sucede en todo el país: numerosas jóvenes mujeres violadas resultan embarazadas.

Es irrelevante: incluso si solo fuera una mujer la que quedara embarazada producto de una violación, ella merecería el derecho a ser tomada en serio y la potestad de decidir sobre el embarazo al que ha sido forzada por un delito. Irrelevante también porque la más ínfima probabilidad significa todo para quien forma parte de la estadística.

Es irresponsable: informa mal a quienes lo escuchan, genera confusión y desvía el tema a una discusión matemática cuando lo que importa y urge es ayudar a las víctimas.

Es insensible: la actitud que se merece este tema es de absoluta compasión, atención y empatía. Las vidas de las víctimas, sus mentes –y en algunos casos sus cuerpos– han quedado terriblemente dañados. Lo menos que puede hacer el Estado es darles todo lo que necesitan para recuperarse.

Inmoral: su comentario minimiza el problema. Es despiadado y nada solidario. Y alimenta la indiferencia respecto de la violencia contra las mujeres en nuestro país, que ya es demasiada. Y eso es inadmisible.

La violencia sexual, con sus consecuentes muertes y suicidios desesperados, se nutre de indiferencia y de discusiones que distraen y detienen el llamado urgente de solidaridad y de humanidad. Meter el tema en un cajón o postergarlo unos años para una nueva revisión es negligente, y refuerza el abuso y la violencia.

No proteger a las víctimas es debilitarlas aun más, obligándolas a ser ‘doblemente abusadas’. Porque no solo han sido forzadas al sexo, sino que se les obliga a llevar a término un embarazo no deseado.

Quienes se oponen al aborto en caso de violación deben saber que sus ideales están a años luz de lo que jamás será la realidad. Lo concreto es que esas víctimas –que más que cifras son mujeres con nombre y apellido–, sufren profundamente. Y obligarlas a llevar a término sus embarazos perjudica seriamente sus vidas –llevando a algunas a la muerte– y la de la mayoría de sus hijos. Esos niños enfrentarían mucha amargura, dolor, resentimiento, miedo y desamor.

Obstaculizar a quienes intentan ayudar a esas mujeres a rehacer sus vidas, es un ejemplo de doble moral: los defensores de la vida no protegen la de las víctimas reales, las mujeres que cada día sufren abuso, las que quedan embarazadas a golpes y van a morir en centros clandestinos de aborto. Y si bien dar visto bueno al aborto es un fatal dilema moral, deben notar el absurdo de parecerles más importante defender la vida que aún no es versus la que ya existe.

Podríamos quedarnos en la indignación y la furia y distraernos atacando al congresista Eguren como individuo. Pero lo que interesa es preguntarnos cómo así resultamos eligiendo como representante a un personaje como él. ¿Por qué optamos por candidatos tan deshumanizados?

¿Cuándo elegiremos con mayor lucidez, coraje y solidaridad, pensando en protegernos realmente los unos a otros?

Este no es un debate donde alguien saldrá ganando y otro saldrá perdiendo. Acá todo es triste y dolorosísimo. Pero se lucha porque al menos esas mujeres y niñas tengan la posibilidad de intentar comenzar de nuevo. Es vital empoderarlas y no alimentar más su impotencia, que al fin y al cabo también es la nuestra. No nos cansemos hasta lograrlo.

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