Natalia Parodi: "Cuarta generación"

Lo que mi hija recibe de su abuela se tatúa día a día en su corazón

Natalia Parodi: "Cuarta generación"

Parodi: "Amor que hace la posta de generación a generación, semilla que se regenera, que se refleja, cuidando y dejando ser".

 

Desde pequeña me acostumbré a la vida con abuelos. Los abuelos, eso sí, pasaban el día trabajando, lo mismo que mis papás. Entonces yo pasaba el día entero con mis abuelas, en casa de una o de la otra. Cada una impregnaba a su hogar su particular personalidad, y eso era lo que yo absorbía. Mi ‘mamama’ Judy, una mujer alegre, de voz fuerte y sociable, comandaba una casa siempre llena de gente, abierta a recibir en cualquier momento algún tropel hambriento que llegara sin avisar. Ella feliz de ser visitada, tenía dos salas y dos comedores, además de la terraza, el cuarto del piano y la salita de espera. Desde la arquitectura hasta la actitud, su casa y sus brazos estaban siempre abiertos para compartir. Y además cocinaba riquísimo.

Mi ‘mamama’ China, por otro lado, más callada y muy observadora, pasaba tiempo en una casa más tranquila, a veces tejiendo, viendo televisión, leyendo o jugando con nosotros. Serena y amable, tenía paciencia para jugar a las adivinanzas, compartir largos relatos sobre su infancia una y otra vez, o hacerme cariñito en la espalda hasta quedarme dormida. Tenía un hermoso balcón de madera en su cuarto, por el que se asomaba para vernos llegar. Era (y sigue siendo) de espíritu juguetón y cómplice. Ojitos de travesura que conquistaban nuestra confianza. De hecho, ella lograba, por ejemplo, que mi hermano menor le contara qué chica del colegio le gustaba, cuando ninguno de nosotros tenía ni idea.

Tuve la suerte no solo de gozar a mis cuatro abuelos, sino de conocer además a dos bisabuelas e incluso a la tía abuela Queca y a su mejor amiga Luz. Todas muy viejitas y de pocas palabras, pero siempre alguna dulce para mí. En esa época, en que el tiempo se sentía largo e inacabable, la vejez se veía como algo muy muy lejano. No podía vislumbrar el momento en que ellas no estuvieran, ni aquel en que mis abuelas ocuparan su lugar, ni mucho menos imaginar a mi activa madre en papel de abuela, ni tampoco a mí de mamá.

Pero ese tiempo ha llegado. Soy madre de una niña que cada día me saca 500 sonrisas y por la que podría usar 300 baberos por semana. Mi madre se ha convertido sin mucho esfuerzo en una abuela como la que tuve yo. Proveniente de una generación que luchó por la liberación femenina, yo la había imaginado más ocupada en otras cosas. Pero para suerte nuestra, ser abuela es una de sus más grandes ilusiones. Disfruta de su papel muchísimo y su espíritu inquieto, activo y juguetón (ese no se lo iba a quitar nadie) fascinan a mi hija.

Además, mi niña pasa un día a la semana con mi abuela, su bisabuela. Y el resultado ha sido conmovedor, incluso mejor de lo que imaginaba: la química entre ellas es impresionante. Las dos se hacen mucho bien. Porque cuando mi abuela está con mi niña, se revitaliza notablemente. Ambas se caen bien, se miran, se reconocen, se ríen cómplices. No sé cómo mi abuela lo logra, pero a sus 92 años disfruta de jugar a las chapadas y escondidas con mi hija. La ha conquistado al punto en que desde que llegamos a la puerta de su edificio, mi pequeña de poco más de un año evidencia claro entusiasmo de haber llegado. 

Yo trabajo como lo hacía mi madre, cuando me dejaba con mis abuelas. Y ella y mi abuela ahora cuidan de mi pequeña. Amor que hace la posta de generación a generación, semilla que se regenera, que se refleja, cuidando y dejando ser. No sé si mi hija llegue a guardar un recuerdo consciente de lo que recibe en esta época de su vida.

Probablemente no, pero no importa. Lo que recibe se tatúa día a día en su corazón, lo veo en sus ojos y en la seguridad con que da sus primeros pasos. Se graba en su inconsciente, en su sensibilidad, en su alegría, en su autoestima y en la certeza de sentirse siempre bienvenida y querida.

 

 

 

Natalia Parodi: Las malas noticias

¡ También te gustará !

Natalia Parodi: Las malas noticias

Una amiga me dijo: “no se trata de esperar a que pase la tormenta, sino de aprender a bailar bajo la lluvia”

Verónica Linares:

¡ También te gustará !

Verónica Linares: "Flores para Mercedes"

Basta de creernos sensibles y pensar que con unos chocolatitos vamos a pasar por alto que nos crean invisibles

Elda Cantú: Beyoncé y la infidelidad

¡ También te gustará !

Elda Cantú: Beyoncé y la infidelidad

«Beyoncé hizo de su rabia un motivo para hacerse mejor, más fuerte, más popular y más adinerada», dice Elda Cantú.

Natalia Parodi:

¡ También te gustará !

Natalia Parodi: "La caja de la nada"

En los compartimentos cerebrales de los hombres, hay una muy querida por ellos: la caja de la nada

Verónica Linares:

¡ También te gustará !

Verónica Linares: "Tres años"

Fabio ha logrado destruir mis muros de protección. Antes me sentía capaz de aguantarlo todo. Hoy soy diferente