Natalia Parodi: "¿Dónde pongo el ojo?"

Si quieres liebre, no te contentes con un gato. De lo que más cuidado hay que tener es de la propia ceguera. Abre los ojos.

Natalia Parodi: "¿Dónde pongo el ojo?"

Muchas mujeres se han encontrado alguna vez en su vida con un chico malo, o al menos con alguno que se portó mal. Un simpático seductor, príncipe en apariencia, que resultó comportarse como un lobo feroz que lo único que quería era usar sus ojotes para mirarlas bien y su bocota para comérselas mejor.

De chica recuerdo haberme sentido engatusada por un par de encantadores de serpientes. Como dice la canción, me “pintaron pajaritos en el aire”. Soñé y volé por los cielos. Luego me estrellé contra la realidad y quedé lastimada. Igual que les ha ocurrido a varias otras mujeres. Y ahora, cada vez que escucho cómo Fulano o Mengano las engañaron me quedo pensando, ¿habrá tantos chicos malos? ¿o hay algo que las mujeres no hemos aprendido a captar? No dudo de que ronden por ahí algunos manipuladores que mienten descaradamente, ¿pero serán tantos?

En varios casos, parte del problema es la ceguera de quien no quiere ver. Una chica, en general, debería poder detectar cuándo el hombre que tiene al frente está genuinamente interesado en ella, o si la está mirando como bocadito. Un hombre al que le importas de verdad mostrará interés en tus cosas, en tu vida, en tu familia, en lo que haces, en tu trabajo. Observará lo que te gusta, intentará sorprenderte, te esperará si lo necesitas, buscará el momento adecuado para ver en tu cara la expresión de alegría y estará contento de saber que él logró eso en ti. Puede ser que te tenga muchas ganas –como tú a él–, pero no intentará forzarte a nada porque querrá siempre que te sientas bien.

Un hombre que solo quiere algo breve se concentrará en la pasión de una noche. Tiene más urgencia. Tendrá frases calientes, dirá que él sabe cómo hacerte sentir así o asá, mostrará interés en el vacilón del momento y casi nada en el largo plazo. Te preguntará poco sobre cómo te sientes tú y en cambio te insistirá en lo que él quiere para sentirse bien, prometiendo que tú también lo disfrutarás.

Llegué a pensar que ciertos hombres pertenecían a una especie de buitres depredadores de los que había que cuidarse. Ya no lo considero así. Creo que quien se quiere divertir sin desear nada más, está en todo su derecho. Pero también creo que en general no es tan difícil identificar dichas intenciones. Salvo algunos que son especialmente egocéntricos, incapaces de ser considerados con la otra persona –pero esa lista también incluye mujeres–, en realidad es cuestión de observar y ver si las intenciones de ambos coinciden o no.

Las mujeres también podríamos querer algo corto y no buscar siempre el amor. Y cuando suceda que el chico solo quiera diversión, una tendría que ser honesta consigo misma e intentar tener claro qué es lo que una quiere. Solo diversión  como él o algo más serio. Y si quiere algo serio, entonces no dejarse vender gato por liebre. Si quiere liebre, nunca contentarse con un gato.

De mayor he salido con un par de estos supuestos chicos malos y descubrí que resultaban gatos inofensivos si una sabe cómo leerlos. Descubrí también que de pronto toda su palabrería era claramente identificable, sobre todo porque su interés en mis cosas no sobrevivía a una segunda conversación. Por otro lado, sus palabras ya no surtían en mí ese efecto hechizante de cuando era adolescente. ¿Había que sentirme engañada, cuadrarlos y ponerme a la defensiva? No era  necesario. Simplemente buscábamos cosas distintas. Quedamos como amigos y busqué el amor en otro lado.

De lo que más cuidado hay que tener es de la propia ceguera. Comencemos por tratarnos bien a nosotras mismas, aceptando lo que nos hace sentir serenas y contentas, y dejando pasar al que nos genere angustia. No te resignes a algo que no te llena. Reconoce y valora a aquel que no te presiona, al que te trata con cuidado, a quien te espera, fluye, ríe contigo y disfruta de compartir el tiempo junto a ti. Si a alguien le importas se notará. Abre los ojos.

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