Natalia Parodi: "¿Por qué a mí?"

Quizá sea el momento de dejar de idealizar la vida ajena. Eso nos puede hacer sentir menos solas

Natalia Parodi: "¿Por qué a mí?"

«Parece haber una nube negra sobre mí», «Qué difícil es ser yo», «Creo que me han hecho brujería», «Los astros confabulan contra mí», «Tengo mala suerte», «Solo a mí me pasan estas desgracias». ¿Cuántas veces hemos escuchado este tipo de frases de otras personas, las hemos pensado o incluso dicho? Muchos creen que sufren como nadie y se sienten solos y frágiles frente a las vicisitudes de la vida. No tuvieron ni tienen suerte en el amor, no consiguen trabajo a pesar de llevar mucho tiempo buscando, los estafaron varias veces, perdieron uno o varios seres queridos; en fin, la lista de eventos tristes puede ser interminable. Y a algunas personas incluso les suceden varias de estas cosas juntas. Es ahí donde sienten que su vida es más dura que la de los demás. Y aunque puede ser cierto que algunas personas sufren más que otras, conviene hacer cuatro consideraciones.

Primero, que sentirse mal a causa de eventos dolorosos y frustrantes es lógico. Y todos tenemos derecho a estar tristes o sentir rabia cuando la vida nos golpea.

Segundo, es útil aprender a distinguir entre las circunstancias y decisiones que están en nuestras manos y las que no lo están.

Tercero, nadie sabe lo de nadie. Esto es importante mencionarlo no para minimizar el sufrimiento de quien lo padece, sino para que sepan que la vida nos golpea en algún momento a todos, aunque no siempre se note.

Cuarto, más útil que preguntar ¿por qué a mí? es ver qué podemos hacer por nosotros mismos, dentro de la realidad que nos ha tocado vivir.

La frustración duele, da rabia, asusta y puede generar inseguridad. Y aunque a unos más que a otros, nos ocurre a todos. La mayoría hemos pasado por experiencias que nos han dejado cicatrices en el corazón. En realidad, lo raro es no tenerlas y haber atravesado la vida sin haber recibido ni un solo rasguño.

Casi nunca nos damos cuenta de las penurias de los demás, porque todos intentan quedar bien. Pero esa señora regia que sonríe impecable, quizá acaba de enviudar del único hombre con el que estuvo toda la vida y no sabe cómo vivir sin él. O ese señor que nos dio un amable buenos días en el pasillo, tal vez tiene ocho meses atrasados en el pago del colegio de sus hijos, además de una hipoteca que le ahorca el cuello y la presión alta, porque no tiene cómo afrontarlo. O quizá esa abogada exitosa de la carátula de la revista vive en secreto el sufrimiento de ser obsesiva y nerviosa, y eso le dificulta la vida cotidiana y corasus relaciones personales. O el galán de telenovelas en realidad se siente solo, porque es muy hermético y no logra establecer un buen vínculo amoroso con nadie.

Cada quien tiene su batalla. No supongamos que las cosas son lo que parecen. Quizá sea el momento de dejar de idealizar la vida ajena. Eso nos puede hacer sentir menos solas y ayudar a ocuparnos de la nuestra.

¿Es injusto que haya personas que sufran menos que nosotros? Quizá. Pero no pierdan de vista que la única persona que puede hacer justicia en la vida de ustedes, son ustedes mismas. Y para eso hay que remangarse y buscar por cuenta propia todo aquello que las haga sentir bien: hacer algún deporte, explorar un arte o afición, retomar contacto con gente querida, contratar un masaje, prepararse cosas ricas de comer, elegir buena compañía. Todo aquello que se pueda resumir en “yo me estoy tratando bien a mí misma”.

Lo que nos tocó vivir son los ingredientes que hay en nuestra cocina y no nos queda otra que aprender a trabajar con lo que tenemos. Y ponernos creativos para no solo ‘alimentarnos’ sino lograr disfrutar esta vida que nos tocó, y hacer de ella la mejor versión posible.

Algunas cosas las podemos cambiar y otras no. Un accidente de tránsito, un desastre natural, una enfermedad, no son cosas que podemos controlar. Pero sí podemos elegir qué hacer con nuestro tiempo libre, a quién queremos de compañero de vida, juntarnos con amigas donde nos sintamos libres y no comparadas, escoger a quien nos trate y nos haga sentir bien, disfrutar de las pequeñas cosas, valorar un gesto amable, y ver algunos absurdos con humor. Como leí por ahí, «no se trata de esperar a que pase la tormenta, sino de aprender a bailar bajo la lluvia».

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