Natalia Parodi: "Sensualidad vs. Maternidad"

La decencia no se define por una prenda, sino por una actitud. La sensualidad no expira, sino madura

Natalia Parodi: "Sensualidad vs. Maternidad"

 

Hace un tiempo conversaba con una amiga sobre qué se pondría para una fiesta. Le sugerí un vestido que le quedaba muy bien y la hacía lucir sexy. Me miró con ojos de desaprobación y me dijo «¿Ponerme eso yo? No hay forma. ¡Ahora soy una mamá!». 
Recuerdo también ahora a una joven actriz que vino hace varios años al programa que conduzco por televisión. Ella también es madre y en un momento de la conversación ella reveló: «Después de haber dado de lactar, me costó mucho volver a erotizar mis tetas».

Mi desconcierto fue grande en ambas ocasiones. ¿Convertirse en madre implicaba no poder sentirse sexy? ¿El erotismo quedaría enterrado por el instinto maternal? ¿Se trataba de un pudor natural o tal vez de algún tipo de represión social? ¿Cómo podía cambiar la sensación de la propia sensualidad por el hecho de ser madre? No lo podía entender.

Hoy soy mamá y he recordado a estas dos mujeres. De hecho habrá varias sin ningún reparo ni incomodidad en recuperar su figura y desplegar su sensualidad rápidamente después del parto. Como siempre, cada caso es único. Sin embargo reconozco cierta inhibición que surgió en mí al nacer mi hija, al pensar en exhibir algún escote o vestirme de forma sensual. ¿Será esta timidez algo más común de lo que imaginaba? 

Tener hijos es una experiencia potente a muchos niveles. Y la revolución hormonal, los cambios, las emociones, la imagen corporal, el nuevo papel en la vida y la conciencia de que un pequeñito depende de nosotras tiene un impacto en la relación con nuestra femineidad. De hecho, somos la primera casita de nuestros bebes, además de fuente de alimento y protección. Tiene sentido que sintamos nuestro cuerpo como un lugar especial, sagrado. De algún modo, deja de ser solo nuestro.

¿Pero hasta dónde puede llegar esta sensación? Es fuerte pensar que ese cuerpo, que antes se lucía con gusto y se adornaba divertido con accesorios, colores o diseños especiales de pronto se sienta incómodo de conectarse con su sensualidad. Ese cuerpo que antes elegía libremente qué mostrar y qué no, cuándo permitirse cierta coquetería y cuándo no, de pronto puede pasar a esconderse bajo polos anchos y blusas pudorosas.

Hasta cierto punto esto es trabajo del instinto animal de preservar la especie. De hecho, la ausencia de menstruación en los primeros meses ayuda a que la nueva madre se enfoque en su cría y no tenga posibilidad de distraerse. Toda su energía, sus hormonas, sus neuronas están sintonizadas para atender adecuadamente al bebe y brindarle todo lo que necesite.

Sin embargo la naturaleza cumple su ciclo luego de una temporada. Luego de eso, ya estamos hablando de otra cosa: prejuicio, conservadurismo, machismo, inseguridad, miedo, vergüenza. Porque ser madre y evidenciarse como una mujer que siente, se muestra y desea, en una sociedad represiva como la nuestra, aún se ve poco decente. Más se valora a la mujer sacrificada, la que se olvida de sí misma, se posterga por sus hijos. Eso se ve mejor. Es más heroico.

El ideal de la madre abnegada. Hay una indiscutible etapa donde la transformación es evidente y contundente y lo que toca es respetar el proceso personal, el propio ritmo y textura de nuestra sensación con respecto a nuestro propio cuerpo y a nuestro ser mujer. Pero es solo una etapa.

Entonces, colegas mamás: ¿menos escote o más? No importa. La decencia no se define por una prenda, sino por una actitud. La cosa es permitirte lo que te haga sentir bien y plena como mujer, que no le resta nada a tu ser madre. Que no nos ocurra suponer que debemos comportarnos como si tuviéramos 80 años, ni que nos reprimamos pensando que eso es lo correcto. La sensualidad no expira, madura. 

 

 

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