Natalia Parodi: "Te necesito"

La idea de que debemos poder con todo parece un extraño combo entre feminismo mal entendido y machismo

Natalia Parodi: "Te necesito"

Las mujeres hacemos de todo. Desde encargarnos de la casa y los hijos, hasta conquistar el mundo laboral, ser económicamente autosuficientes y mantener estrategias para vernos bien, ser simpáticas y sensuales. Lo hemos logrado. Podríamos decir que podemos solas. Pero agota.

En estos días circuló una buena noticia en los diarios de nuestro país: se logró al fin el aumento de días libres para las mujeres que acaban de dar a luz. La importantísima licencia de maternidad pasó de tres meses a tres meses y medio. ¡Es un gran avance! Los bebes pequeños necesitan a su madre lo más que puedan y aunque solo sean dos semanas más, cada día extra para quedarnos con nuestros hijos es valiosísimo y significativo.

Por otro lado, tan normal nos parece que las mujeres nos hagamos cargo de la crianza, que ni siquiera se discuten los cuatro días libres que reciben los padres, ni nadie se pregunta si son suficientes. ¿Por qué esos cuatro días de licencia por paternidad no han sido modificados en tantos años? ¿Por qué esto ni siquiera está en discusión? ¿Por qué parece no alarmar a nadie que los padres tengan tantísimos menos derechos que las madres? ¿No son importantes para la crianza de sus hijos? ¿No es sumamente útil que acompañen a sus mujeres durante los primeros meses de la llegada de sus bebes? Parece haber un tácito consenso de que no es así. Los hombres por ley no pueden acceder a más de cuatro días libres por el nacimiento de sus hijos. A menos que tengan suerte y trabajen en algunas compañías generosas que les brindan cinco días libres. Es todo. Ni un minuto más. Está sobreentendido que a quien el bebe necesita es a su madre. ¿Pero a quién necesita la mamá?

Aclaremos: no lo podemos todo solas. Quien no tiene a su pareja al lado al criar a sus hijos, tiene casi siempre a su mamá, su hermana, una amiga o una nana. Y si bien es verdad que tenemos la capacidad de hacernos cargo de bastantes cosas, es igualmente verdad que el costo es  demasiado alto. Que hacernos cargo de todo solas nos desgasta. Y que el apoyo de un compañero que se comprometa tanto con los gastos y con la relación, como con la crianza, es algo que no solo nos haría muy felices, sino que nos aliviaría la carga y ayudaría a balancear la tranquilidad que necesitamos por nuestro bien y el de nuestra familia.

La idea de que debemos poder con todo me parece un extraño combo entre feminismo mal entendido y machismo. La confusión es generalizada. Se espera que las mujeres se encarguen de la casa y la crianza. Ahí los hombres saben que podemos solas; el Estado además asume que las mujeres son las únicas necesarias en la crianza de los niños; y nosotras también creemos que debemos poder solas, –y además lo sumamos a todas las otras ambiciones que tenemos en la vida: amor, trabajo, belleza, éxito social–. Pero todos estamos equivocados.

Nadie puede dar todo su esfuerzo sin parar. Necesitamos ayuda. Empecemos por una licencia de paternidad ampliada. Los niños necesitan a mamá y a papá. Papá necesita a su familia. Mamá necesita apoyo y tiempo para sí misma. Dependemos unos de otros. No basta con ser técnicamente autosuficientes. ¿Por qué empujarnos al límite de nuestra entrega y energía? ¿Por qué no repartirnos las preocupaciones, apoyarnos y acompañarnos?

Es un hecho de la vida que no lo podemos tener todo. Para ganar algo hay que sacrificar muchas cosas. Si como mujeres trabajamos exitosa y rentablemente, nos hacemos cargo de los chicos y de la casa, vamos al gimnasio, mantenemos siempre apariencia de alegría y simpatía y somos además las amantes ideales de nuestras parejas, entonces lo más probable es que sacrifiquemos la tranquilidad, el descanso y el derecho a despertarnos tarde, fruncir el ceño, estar despeinadas a veces y ser imperfectas.

«Quizá puedo sola pero es muy difícil. Ayúdame. Te necesito. Hagámoslo juntos». Eso necesitamos entender, que lo entiendan los hombres y también el Estado. Tal vez ahí logremos brindar a nuestros hijos el sano y balanceado sentido de responsabilidad, consideración y equipo, que necesitan para la vida.

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