Verónica Linares: "Contra el fundamentalismo de la teta"

Las madres que no pudimos amamantar a nuestros hijos no deberíamos permitir que nos hagan sentir culpables

Verónica Linares: "Contra el fundamentalismo de la teta"

Fabio tenía quince días de nacido cuando afrontó su primer problema médico. Un puntito rojo que le había aparecido en el poto a los dos días de nacido, se había convertido en llagas sangrantes.

Todos los pediatras a los que consultamos pensaban que se trataba de una escaldadura fuerte y nos recetaron todas las cremas dermatológicas disponibles. Incluso nos recomendaron ponerlo boca abajo, sin pañal y bajo un foco alumbrándolo para secar las heridas.

Se me caían las lágrimas cada vez que lo cambiaba y limpiaba con algodón –dejé de usar pañitos húmedos– y se llenaba de sangre. Tenía muchos gases y, aunque los análisis no arrojaban nada inusual, yo notaba en su pañal que algo andaba mal. Lo llevamos a una dermatóloga especialista en niños. Me dieron cita para tres meses después, pero luego de llorarle a la secretaria porque mi hijo no aguantaba más, nos citaron para el día siguiente.

Ya durante la consulta, Fabio ensució el pañal, ella lo examinó y diagnosticó de inmediato que el problema era mi leche. El niño era alérgico a ella. Sus heces le quemaban la piel ocasionándole esas heridas. La dermatóloga me recetó quitarle la leche materna. Como el bebe la tomaba de mamadera aceptó el cambio sin problema. Para las 10 de la noche de ese mismo día las llagas comenzaron a secar.

Me tuve que cortar la leche. Fue la peor experiencia de mi vida. Me fajaron las mamas para que al aplastarlas se obstruyeran los ductos y me dieron pastillas. Yo sentía que me las habían amputado, me miraba al espejo y parecía ver el pecho de un hombre. Fue una semana dolorosa, pero pasó y Fabio se curó.

El viernes entrevisté a un pediatra por el mes de la lactancia materna. La leche materna es, natural y obviamente, el alimento ideal para los recién nacidos. Sería absurdo negarlo. Nuestra leche tiene un componente que los ayuda a formar su sistema inmunológico. Pero ¿qué pasa si por algún motivo no se pude dar de lactar?

La entrevista iba bien hasta que el pediatra dijo que los niños que reciben la leche materna, por lo menos seis meses, eran más inteligentes que los que no la recibían. Yo cuestioné esa afirmación y le conté mi experiencia y mi apreciación de que mi hijo no era menos inteligente que el resto de niños de su edad sino al contrario. Al finalizar la entrevista, dijo que seguro aquella dermatóloga pediátrica me había dado un mal diagnóstico. No quise contradecirlo y le compartí el contacto para que conversen entre expertos.

Le escribí a la dermatóloga para que estuviera al tanto. Ella me reiteró que la leche materna no determina la inteligencia de los niños. Y que cada vez hay más casos como el mío y que lamentablemente los pediatras no siempre están al tanto.

Antes de escribir esta columna, consulté con una neuróloga, quien me asegura que no se puede hablar de que la leche materna determina la inteligencia absoluta, pero que hay estudios que la relacionan sobre el coeficiente intelectual. Me pasó unos links de pruebas realizadas a niños en Brasil, pero ninguno era concluyente.
Llamé a un nutricionista, que me aseguró que la leche es el alimento indicado para los recién nacidos. Nutre y actúa directamente en su sistema inmunológico.

Hablé con un inmunólogo y le relaté el caso y le pregunté si mi hijo sería menos inteligente. La respuesta fue que no. Que la leche materna es insustituible para fortalecer las defensas de un recién nacido, pero que no afecta la inteligencia. Entiendo las políticas de Estado sobre la lactancia materna. Es la mejor alternativa, es gratis y mejora las estadísticas de desnutrición en familias que batallan para comer de manera nutritiva. También mejora el vínculo entre mamá e hijo (aunque hay otros modos de expresarle cercanía). Pero nada justifica decir verdades a medias y de paso alarmar y herir a otros.

Las madres que por algún motivo no pudimos amamantar a nuestros hijos no deberíamos permitir que nos hagan sentir culpables diciendo que van a ser menos inteligentes.

 

 

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