Verónica Linares: "Falsas denuncias"

«Cuánto daño hacen situaciones como estas a las mujeres violadas y maltratadas que exigen justicia», escribe Verónica Linares

Verónica Linares: "Falsas denuncias"

Verónica Linares: «Él quiso contármela luego de que me vio por televisión defendiendo con todo a una mujer que decía haber sido víctima de violación en la cama de un hotel: “no siempre somos los victimarios”, me dijo.»

Unos gritos feroces lo hicieron saltar de la cama, que no era suya. A su lado, en una habitación extraña, una joven suplicaba que alguien la ayude. Estaba desnuda y entre lágrimas repetía una y otra vez que la habían violado. Él abría y cerraba los ojos con fuerza como tratando de despertar de una pesadilla. No entendía nada. 

Quería enfocar la escena en su mente, pero la cabeza le retumbaba por todo el alcohol que había tomado el día anterior. Intentó calmarla mientras luchaba por recordar qué hacía ahí y quién era ella. La resaca se evaporó en segundos, al darse cuenta de que la muchacha en crisis lo estaba acusando -a él- de ser un violador. 

Esta es una historia que escuché de labios de uno de sus protagonistas. Él quiso contármela luego de que me vio por televisión defendiendo con todo a una mujer que decía haber sido víctima de violación en la cama de un hotel: “no siempre somos los victimarios”, me dijo.

Eran finales del 2009, ya había culminado la temporada de verano, así que las discotecas de Larcomar -el point en esa época- estaban repletas. Él era ahí un fijo cada fin de semana. Saludaba a los chicos que cuidaban el ingreso al local y ellos le respondían con un familiar “¡Habla!”. Le abrían la cadena de acceso que separaba a los que hacían una cola para entrar de los VIP -como él y sus amigos-. Era un bacán.  

Dice que avanzada la noche hizo contacto visual con una guapa chica. “No sabes lo que era: un hembrón”. Me cuenta que tenía el cuerpo perfecto y un rostro hermoso. Él estaba en la barra con sus amigos y cuando lo vieron coqueteando con ella lo alentaron a ir a su encuentro. 

Él -bacán, VIP- siempre se ha ufanado de tener suerte con las chicas bonitas, pero asegura que esta era la más linda de todas. Luego de unos tragos y bailar algunas canciones de moda se fueron en taxi a un hotel. 

A las cuatro de la madrugada la policía entró al cuarto luego de que el administrador los llamara por el escándalo que se armó. Todos acabaron en la comisaría. Me cuenta que hasta le lloró al comisario jurándole -por su madre- que no era un violador. La joven -ya calmada- pedía dejar todo en “stand-by” hasta que pudiera hablar con un abogado. 

Esa misma tarde recibió la llamada de la bella joven que le planteaba retirar la denuncia a cambio de una indemnización. Él se puso furioso y luego de insultarla le tiró el teléfono. Al día siguiente –luego de verse en medio de un proceso judicial por violación– le devolvió la llamada y quedaron en encontrarse en Polvos Rosados. 

Ella – la denunciante- llegó con un supuesto hermano y los tres caminaron por los pasadizos de la feria discutiendo el monto que nuestro protagonista pagaría. Luego de un largo regateo todos fueron al banco para hacer el depósito de una primera parte como señal de trato. La diferencia fue entregada a la firma de un desistimiento en la comisaría. 

Creo cien por ciento en la versión de este chico. Lo conozco y me sorprende que nunca me lo hubiera contado. Tal vez por vergüenza, la misma que lo ahuyentó de hacerle el seguimiento a esta banda delincuencial. Para él todo acabó con la firma del documento, y me alegro. Pero cuánto daño hacen denuncias como esta a las mujeres violadas y maltratadas que acuden a una comisaría a pedir justicia y a veces son maltratadas. 

Y ¿qué me dicen de la corrupción?. Todo apunta a que esos policías estaban coludidos. Es muy raro que un caso tan noticioso no haya salido nunca a la luz pública. También es extraña la forma cómo se manejó la denuncia. La supuesta víctima no pasó por el médico legista y ¿los policías permitieron que denunciara? ¿Cómo eso de dejar en suspenso la denuncia policial? 

Este caso debió llegar hasta el final y establecer que se trató de un caso de extorsión. Exigir que en el libro de ocurrencias diga que la supuesta víctima no quiso pasar por el médico legista. Luego hacer una denuncia por calumnia o denuncia falsa, pero cada vez confiamos menos en nuestro sistema de justicia. Tenemos miedo de ser inocentes y terminar en la cárcel. 

 

 

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