Verónica Linares: Tu espacio, ¿mi espacio?

Algunos usan la fórmula del ‘espacio propio’ como pretexto para seguir haciendo vida de soltero cuando ya no lo son

Verónica Linares: Tu espacio, ¿mi espacio?

 

Temblaba y tenía los ojos vidriosos. Tanto que le resultaba difícil tomar la limonada de hierbaluisa que había pedido. Me miraba ansiosa esperando una respuesta positiva. También me puse nerviosa, pues no sabía cómo reaccionaría al escuchar mi desacuerdo de que se hubiera reconciliado con ese chico.  

Dicen que las parejas son de dos y que los terceros siempre sobran. Pero ¿qué pasa si una amiga te pregunta qué piensas del novio que no te gusta? ¿Le mientes?

Lo de ellos empezó como jugando. Se conocieron en el trabajo, pero nunca fueron muy amigos. Fue de pronto que comenzaron a sentirse atraídos. Todo el día hablaba de él: cómo la miró, qué le dijo, qué le escribió. Hasta que en una de esas reuniones de fin de año, se besaron. Al día siguiente me llamó para contarme su travesura y como parecía que no se trataba de algo muy serio, prefirió no decir nada al resto de nuestros amigos. Yo fui la alcahueta perfecta. 

Pero las miradas y los coqueteos en el trabajo eran tan obvios que la gente comenzó a especular que algo pasaba entre ellos. Así fue como, luego de seis meses de relación clandestina, decidieron no ocultar más sus besos y abrazos. Se convirtieron en una pareja formal: compartían reuniones familiares los fines de semana, salían de vacaciones juntos, colgaban fotos en el Facebook. Se ufanaban de ser una pareja moderna, que respetaba el espacio del otro. Si él tenía una reunión con sus amigos del colegio, iba solo. Si a los chicos solteros del trabajo les provocaba ir a una discoteca y lo invitaban, iba sin que nadie se lo reprochara. Calculo que por lo menos tres sábados del mes salía solo.

Ella también salía con amigas, pero solo si él tenía otro plan que no la incluía. Eso era lo que tanto me disgustaba de aquella relación. Parecía que ella estaba a disposición de él, como si estuviera sentada en la banca de suplentes, esperando que la llamen para entrar a jugar. Jamás se reunía con nosotras si él estaba ‘libre’. Incontables veces, ella se quedaba un fin de semana en su casa, mientras él salía a divertirse.

El nuevo galán le terminó sacando la vuelta en una de esas saliditas con sus amigotes. La relación terminó, pero tres meses después de súplicas, regresaron. Así llegué al día en que mi amiga estaba frente a mí preguntando si estaba bien que siguieran siendo una pareja moderna. ¿Ustedes qué hubieran respondido?

Le recordé que también estoy de acuerdo con que las parejas no tienen que ir juntas a todas partes como si fueran siameses. Que es cierto que tanto hombres como mujeres necesitan un espacio sin su pareja: reírse entre patas, burlarse de las mujeres, hablar de ellas y viceversa no está mal. Pero irse de juerga sin tu pareja no me cuadra, sobre todo si sucede a cada rato. Sé que si alguien te quiere sacar la vuelta podría hacerlo un martes, a las 11 de la mañana y en una cafetería. Pero creo que algunos hombres usan la fórmula del ‘espacio propio’ como pretexto para seguir haciendo vida de soltero cuando ya están en una relación. Y si eso es lo que quieren, ¿para qué se comprometen con una persona? Mejor sigan solos y todos felices.

Si de verdad él está interesado en ti, hará todo para que las cosas vayan bien. Tengo amigos que se van al otro extremo y prefieren evitar algunas situaciones –dicen– para no caer en “la tentación del pecado”. Creo que no deberías tratar a tu hombre como si fuera un animal descerebrado que no puede controlarse ante una mirada insinuadora. Y si un chico se aburre cuando pasa tiempo con su enamorada, tal vez no deberían estar juntos. Pero, al parecer, hay arreglos que funcionan para todos los gustos.

Le lancé todo este rollo a mi amiga y noté que se fue serenando. Ya no temblaba y me miraba atenta. Tomó un sorbo de su refresco y dijo: «No todas las parejas son iguales». Luego cambió de tema. 

Es aquí donde el tercero sale sobrando. Solo me queda decir que cada uno elige su destino. 

 

 

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