Sitka Semsch: «Todo depende de ti»

La diseñadora peruana habla de sus motivaciones, de su más costoso proyecto y de lo que hace para sentirse siempre bien

Sitka Semsch: «Todo depende de ti»

«Hay que chambear para todo lo que queremos hacer, mejorarnos como persona depende de uno». (Foto: Viù! / Kami Velvet)

María Inés Ching

Sitka Semsch es una mujer con luz. Cuando ella sonríe lo ilumina todo: su sencillez y sentido del humor crean la sensación de cercanía desde el primer minuto de conocerla. Su atelier tiene elementos que tranquilizan en el acto: la temperatura ideal, música ‘chill out’, velas, plantas y un aroma delicioso y sutil en el ambiente. Una sensación amable que no siempre transmiten las boutiques de los diseñadores más afamados.

Sitka Semsch ha vendido polos en la Feria del Hogar, llevado sus colecciones a Rusia antes que nadie, participado en desfiles en Estados Unidos, Colombia, Panamá, y dos veces al año presenta sus colecciones en el LIFWeek, una de las más importantes vitrinas de la moda en el Perú. A la par, diseña vestuarios para las obras de teatro más exitosas de Lima, los vestidos y accesorios para sus clientas particulares y en agosto último viajó hasta Huamachuco, por un camino de trocha serrana de La Libertad, para vestir a la imagen de la Virgen de la Alta Gracia.

Sitka se ha mudado de casa más de 20 veces y ese espíritu nómada informa su esencia, que se refleja en elegantes colecciones que se renuevan y se transforman sin sobresaltos. Para ella, cambiar es natural. Esta mujer maravilla de 1,55 m. de estatura se come al mundo y se siente tímida al mismo tiempo.

Cuando la diseñadora logró tener una línea de ropa masiva en un centro comercial fue a ver su colección. Todavía recuerda los ganchos de plástico de donde colgaban sus prendas. Recuerda también -hoy se ríe- que lloró en el estacionamiento. Se frustró tanto que decidió no hacerlo más. Esta determinación y perfeccionismo la acompañan desde muy pequeña. La moda no era el destino de Sitka -que comparte el nombre con una isla de Alaska, [EE.UU.] en donde su padre pescaba cangrejos gigantes- sino el de los restaurantes. A los ocho años, la misma edad de su hija ahora, ella ya estaba en la cocina del negocio familiar, arrugando la nariz y rodeada de cocineros. «Olía el pescadito y dije ¡no!».

¿Cómo eras de niña?

Me encantaba estar en el clóset de mi mami, me fascinaba, sentía que era estar en Disney. Entraba a su cuarto, me encerraba con llave –me acuerdo clarito–, abría la puerta de su clóset, era ¡guau!... ver qué podía hacer con lo que había y me ponía el sombrero, me probaba; y me ponía sus tacos y caminaba...

¿Ella tenía mucha ropa?

Murió hace 12 años, pero era una artista al vestirse, medio ‘hippyosa’, tenía cosas extrañas, no era para nada la esposa convencional que yo veía en las mamás de mis amigas. No era ‘proper’ con la faldita y el sastrecito, sino era así suelta, con colgajos y conchas que le caían acá, con cueros amarrados: tenía un ‘estilazo’. No sé si yo de chiquita me daría cuenta que las otras mamás eran como de zapatito Chanel y mi mami tenía botas arrugadas, entonces había algo que estéticamente -no sé si porque la admiraba desde chiquita-, me gustaba.

¿Qué pasó luego?

Tenía las cosas clarísimas: a los 14 años [...] mi papi preguntando «¿y ahora quién?», sentía una presión horrible, que con los ojos me decían «tienes que estar ahí». Entonces me dije «pon el parche ahorita» [...] no sentía que al 100% era moda, pero sí sabía que la cocina no era, ni nada con restaurantes. Ese día le dije: «papi, yo quiero estudiar diseño de modas» y me dijo: «ya, OK.». [...] Nos fuimos a vivir a EE.UU., yo tenía 14 y regresé a los 16, terminé el colegio acá y en ese momento no había institutos de diseño, solo uno en donde te enseñaban corte y confección. Me metí, de ahí postulé a Rhode Island School of Design. Postulé con una colección, toda la ropa hecha por mí, imagínate: modelada por mí -ríe-, con efectos especiales, sabía coser, hacer moldes... hice todo con telares incaicos, con platería, broches, falditas, polleritas y esa fue mi colección para ingresar y me aceptaron.

¿Cuántos años estudiando fuera?

Cuatro. Luego hice mis prácticas para graduarme con un diseñador y escogí a Michael Kors, porque en ese momento no era tan grande como ahora, conocido pero dentro de los chicos todavía [...] yo quería verlo, trabajar con él, estar al costado. El primer día tuve jaqueca de los nervios: tenía que acomodar todas las revistas «Vogue» en orden, por año y por mes. Y él estaba ahí hablando con otros de su colección, había personas que traían sacos de telas... Fue espectacular, ayudaba a vestir en los desfiles que tuvo porque el ‘internship’ fue enero, febrero y marzo; y en febrero se presentan las colecciones. Tuve la oportunidad de ver lo que era el mundo de Nueva York, en el corazón.

Mi familia vivía parte en Miami y aquí en Lima. Soy peruana y era regresar acá o quedarme allá, que sí era una opción... pero ya el país estaba un poquito más tranquilo en cuanto al terrorismo, estaba entrando en la mejoría... eres de acá, hay tanto por hacer y por aportar y aposté por volver.

¿Cómo comenzaste?

Dos años antes había regresado Ani Álvarez Calderón, mi ‘roommate’ en la universidad, vivíamos en el mismo departamento [...] Cuando yo regreso le digo «Ani, ¿qué hago?» y me contesta «mira: lo primero que tienes que hacer es comprarte una mesa de ping pong para hacer los moldes» y fue lo primero que hice. En el sótano de la casa de mi mami comencé. Luego me dijo: «pásale la voz a tus amigas, a tu tía, a tu prima y así empecé». Todo a medida al 100% durante 10 o 12 años.

¿Cuándo empieza el crecimiento?

Se dio hace cinco o seis años, que ya sentía que el mercado ya se iba abriendo [...] Trabajamos para «Basement by Sitka», entonces tuve el pincelazo de cómo era tener otros precios, pero con tu nombre, o sea un mix que también nos dio un indicio de tener ropa ‘prêt-à-porter’ y dejar de hacer a medida. Hago un poquito de novias, pero el ‘grosso’ es la tienda.

¿Cómo se obtiene una trayectoria tan constante como la tuya?

Con chamba. A puro pulmón: trabajo, perseverancia, pasión. Suena como cliché pero en verdad cada vez que yo escucho a personas que tienen éxito es exactamente lo mismo: debes tener pasión por lo que haces, perseverancia, creer en ti y cuando las cosas no van bien, creer en ti de tal manera que tú digas «pero es que yo puedo salir adelante».

¿Cómo afrontas los malos ratos?

Una mala crítica te ‘bajonea’ o colecciones que no funcionan tan bien ¡cómo no! No somos de piedra, te deprimes horrible, eres un ser humano, pero en la cabeza va: o me quedo ahí o me levanto, aprendo, escucho las críticas constructivas y sigo para adelante. Y eso es. Pero es algo propio que te hace tener esa fortaleza. Eso es algo interno, de no dejarte caer: te caes pero te levantas.

¿Eres espiritual?

Soy superespiritual, toda la vida. Estuve de chica en un colegio católico que probablemente me marcó negativamente, pero soy espiritual 100%, amanezco, doy mi rezo y agradezco por tanto, por la salud de todos los que me rodean, por mi familia, por estar bien y soy una persona que cultivo la buena onda, deseo el bien para las personas, eso me hace caminar tranquila y en paz. Escojo rodearme con gente que me haga bien, que sean de esa misma onda, no me gusta la chismosona. En realidad, la gente que entra a la tienda me dice «qué rico, es tranquilo» y en verdad sí, a mí me gusta trabajar así.

¿Qué proyectos personales tienes?

Seguir con el proyecto más grande de mi vida que es Siana, mi hija de ocho años. Fue una chiquita que nos demoró ocho años de tratamiento para salir embarazada: recontra deseada y querida. […] Ha tomado un esfuerzo bárbaro, tener una familia.  Siana ha llegado cuando tenía que llegar y no ha llegado después tampoco otro hijo, porque después tuve también tratamientos y tampoco. Valoras otras cosas, con el transcurrir del tiempo, tu vida se va acomodando, tus apreciaciones, todo se va cuajando, es increíble.

¿Cómo logras cumplir con todo?

Lo combino. Corro de aquí para allá, a hacer la tarea, estar con ella, tener un vínculo fuertísimo –que lo tenemos gracias a Dios– y lo hemos formado con el tiempo y con darnos el tiempo, conocernos, la involucro en mi mundo hasta el momento que ella quiera, en la pasarela que sale conmigo yo le digo «gorda, tú sabes que puedes estar con papi fuera de la pasarela, puedes estar atrás conmigo y no salir». Libertad.

Pero debe fascinarle tu mundo…

Sí, además es coquetona. Miraba al peluquero cómo hacía los totorretes para el último desfile, ella también quería igual...

¿Qué comes?

Muy sano. Para nada soy vegetariana ni carnívora: carnes blancas, fruta y verdura a más no poder, en la mañana me tomo el superbatido, le pongo: espinaca, zanahoria, manzana, fresa, chía, maca, linaza, almendras... Eso tomo de desayuno o yogurt con granola, después almuerzo full ensalada con algo de proteína o menestras solamente sancochadas, metidas en la ensalada: desde quinua hasta lentejitas. Podría decir que no consumo nada ni enlatado ni embolsado. No me gusta el ‘junk’ y nunca me ha gustado. Cuando estaba en el colegio nos mandaban el termo ‘Aladdin’ beige con tapa roja y mi lonchera de paja y le pedía a la señora que trabajaba en la casa si me podía llevar verduras al vapor y esa era mi comida de toda la vida.

¿Picas algo entre comidas?

Poco. Me encanta el chocolate pero no soy adicta a él. Como le digo a Siana «mi labor es enseñarte a comer bien». Yo me muero por la torta de chocolate, vamos a santos, como sanguchitos... solamente que en el día a día me gusta comer bien, pero también lomo saltado, ayer salchipapas y normal. Ni siquiera me toma esfuerzo sino que mi cuerpo me pide «ya suficiente de cochinadas» y naturalmente entras a tu balance.

¿Haces ejercicios?

Caminata sobre todo, todas mis amigas quieren que haga yoga y pilates porque dicen que es perfecto para mí que soy tranquila, pero no llego. Soy activa, me cuido horrores del sol desde que tengo uso de razón, soy de sombreros ‘tipo vieja’, me encantan porque digo «estar un mes bronceadita y la vida entera con manchas y después jalarte la cara y echarte bótox y eso... No». Prefiero prevenir. Y la verdad esque vivo una vida ordenada, no soy juerguera, no soy trasnochadora, me encanta tomar traguitos...

¿Qué te gusta tomar?

¡Me encanta el pisco sour! Uno: ya. Dos: agua... Y me voy [reímos]. Me fascina bailar todo: salsa, reggaetón, merengue, americana, pop, las de Siana, Britney Spears, todo. Se me mueven los pies.

¿Qué te enamoró de ‘Pancho’ [Francisco D’Angelo, su esposo]?

Que me da mucha tranquilidad y paz. Nos conocemos hace años, cuando él tenía 13 y yo, 12. Íbamos a la misma playa y después yo me fui a vivir a los 14 a EE.UU. y la vida nos separó.

Hasta que me fui a estudiar la carrera, yo tendría 20 y nos volvimos a encontrar en Miami y estuvimos de enamorados dos meses antes. Él se quedó en Miami y yo me fui a la universidad y le dije «no, porque vamos a estudiar y tú sabes que amor de lejos…» Y dijo «mira: si quieres que funcione, por mí va a funcionar...». Y le  dije «vamos a tratar». Tratamos y estuvimos cuatro años, toda la carrera: de Providence a Miami y así.

Él tiene todo lo que a mí me gusta en una persona: no me genera ansiedad, me da mucha paz, nos matamos de la risa, al final yo soy más reilona que él, que es mucho más serio, pero ya estamos 20 años juntos. Y la verdad siempre decimos qué suerte habernos encontrado, porque ha funcionado y seguimos superenamorados.

Hace menos de una semana estábamos en la mesa, Siana estaba al frente y Pancho voltea y me mira y yo me di cuenta que era la mirada de enamorados pero no dije nada y Siana le dice a Pancho: «Oye, papi, tú realmente te mueres por mi mami, ¿no?» [reímos] y yo me puse roja y le dije «¿por qué dices eso?»

- «Porque me doy cuenta cómo la miras» ¡Imagínate tú! Y dije «pucha qué lindo que se dé cuenta de que sus papás estén sólidos, de que estén bien».

¿Cómo surge lo de ser embajadora de la Marca Perú?

Nada, me convocaron... y rápidamente accedí -ríe a carcajadas-. Me encanta. En el 2011 fuimos a Moscú siendo embajadoras, es una cosa especial que se siente, es rarísimo, es como que se siente que tu papi está contigo -ríe-. Todas las veces anteriores es como que me iba solita, huerfanita, a buscármelas. Acá me siento apoyada, respaldada.

¿Qué te demanda el ser embajadora?

Creo que hemos salido con la responsabilidad exactamente igual. Pero sientes un plus más, un respaldo pero no por eso me siento presionada en mis colecciones, porque siento que de alguna manera todas las veces que hemos ido a Moscú, todas las veces he tenido como referencia al Perú. Que sea evidente o no, eso es otra cosa.  

¿Qué cambiarías del país?

La educación para mejorarnos en todo: desde no botar la basura, hasta hablarnos bien,  obviamente la violencia… ¡qué complicado! [...] El tráfico es un caos, pero más que el tráfico, porque es una cuestión de economía, hacemos la infraestructura y ya nos desatoramos; es la informalidad como seres humanos, lo chicha, el poco orden que cuando uno viene de afuera es lo primero que te llama la atención. Lo positivo obviamente: la familia y los amigos, el corazón, somos de acá, amamos esto, el país maravilloso, todos los recursos que tenemos, todo esto es positivo. Pero si no tenemos a nosotros mismos que vivimos dentro de esta casita, ordenados, limpios y que la amamos..., estamos fregados. El Perú es una casa y todos somos una familia que vivimos dentro. Entonces ¿cómo te puedes estar robando el relojito de tu abuela y la manzana de tu prima que vive en tu misma cocina? ¡Valores!

¿Cómo defines a la mujer peruana?

La siento más abierta y de alguna manera internacional. Creo que le gusta arreglarse en general, hay algunas caralavadas. Me gustaría que como referentes en televisión no haya tantas [y hace el ademán de pintarse mucho los labios]. Que sea un referente más, me gusta que la mujer sea fina naturalmente, en su hablar, en ser. No es con joyas, es simplemente educación.

¿Qué hay en tu cartera?

Infaltable: lápiz de labio en tonos tierra, billetera, celular, lapicero, agenda todavía con papel. Me dicen «bótala, te ocupa espacio, ahora todo se anota en el celular». Yo no sé, por eso, el papelito, la notita y tengo que tachar y poner ‘smile’. No puedo todavía. Y las llaves de mi carro. No soy tan cachivachera, soy ordenada. No soy una maniática del orden pero mi clóset está por colores.

¿Qué tan grande es tu clóset?

Es grande, pero tengo poca ropa. No soy tan trapera, no me gusta tener en abundancia, me siento un poquito sofocada, si ya no uso algo, sale y entra lo que necesito. [...] Mi mami nos ha educado en tener únicamente lo que necesitas. Cuando éramos chicas nos decía: «vamos a ir a comprar dos conjuntitos para cada una, pero un par de zapatos que combine con todo y todo tiene que combinar con todo». Ella esperaba fumando afuera de la tienda y yo creo que nos entrenó. Cuando me dicen ¿por qué los tonos tierra? Tiene que ver con un formato de educación que cuando tienes cosas neutras le puedes dar vueltas más fácil y no se dan cuenta tanto. Más bien la pashmina que no cuesta tanto es el accesorio del «quita y pon».

¿Te gusta ir de shopping?

‘Window shopping’ me encanta. Mis amigas me dicen «¡me desesperas, ¿por qué no compras?!» Me da risa, es que le doy vueltas y vueltas y digo, en verdad no sé cuántas veces lo voy a usar. Es extraño siendo diseñadora uno podría decir «me aloco, tengo mil carteras y mil zapatos», pero en realidad, no.

¿Cómo le compras la ropa a Siana?

Ella se escoge desde chiquitita, yo tuve esa libertad por ende, me encanta que la tenga. Por ahí me dice «mami ¿te parece?» Y bueno sí o no. Y como soy una persona abierta, por ejemplo, de chiquita cuando iba a cumpleaños, lindo las que van con nido de abeja y zapatitos de charol pero

Siana iba con ‘All Star’ y con blusitas afuera y la chompita más corta. Porque una chiquita va a ir a jugar y se va a embarrar... ella tiene su personalidad clara y me gusta que la tenga así y tampoco hay abundancia para nada. Necesita zapatillas no por tener tres sino porque de verdad hay una que ya no le queda, entra la siguiente y la otra se regala.

¿Qué frase dices siempre?

Se lo repito a Siana: que todo depende de ella. Nadie más te va a levantar, ni decidir por ti y es verdad, todo depende de nosotros. Si queremos tener una relación y un matrimonio bonito, si queremos comprometernos con la carrera que tenemos, depende de nosotros. Hay que chambear para todo lo que queremos hacer, mejorarnos como persona, depende de uno. Sí creo que eso: todo depende de uno.

¿Qué es el éxito para ti?

Es estar contenta y a veces uno confunde sus logros con que si eso te da felicidad o no y se empiezan como a entremezclar cositas... pero cuando estoy con Siana y Pancho y estamos como el último domingo revoloteando en la cama a las 10 de la mañana y salió el sol, los tres y ¡ah mi familia! Me puedo morir en ese momento: todos sanos del corazón, bien, contentos. Escucho ángeles.

Locación: Atelier de Sitka Semsch, Av. Libertadores 239, San Isidro. Telf: 221-5862

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