Cury: su espejo, su ángel, su familia

Músico cusqueño adoptó a este perro de un albergue pensando en darle una mejor vida y el resultado fue recíproco

Cury: su espejo, su ángel, su familia

Cuando Julio Valdés lleva a Cury a pasear y la gente le pregunta '¿Qué raza es tu perro?', él aprovecha para hablarles sobre la importancia de adoptar a perros sin hogar.

 

Por Andrea Carrión / WUF

Julio Valdés nunca imaginó que la Navidad del 2015 le traería ese regalo que le cambiaría la vida.

Este cusqueño de 22 años había dejado el Cusco pocos meses antes. Su pasión es la guitarra y lo toma tan en serio que decidió perfeccionar su talento estudiando la carrera de música en la Universidad Católica.

Todo era nuevo y inquietante: vida en la capital, la carrera soñada, un departamento para él solo, pero no había contado un detalle: el estar lejos de su familia en una ciudad completamente ajena.

La soledad le pasó factura y una inusual tristeza se empezó a convertir en depresión, hasta que Julio dijo “basta”.

“Sabía que necesitaba compañía y en ese momento lo mejor era una mascota. Así que comencé a buscar en Internet perros para adopción, encontré a WUF, revisé su portal con la galería de fotos y la de Cury me llamó la atención”, comenta Julio mientras Cury se revuelca sobre el jardín de un parque en Lince. “Hice una buena elección, gracias a él pude salir de ese estado anímico. Cury ha sido mi antidepresivo, es mi angelito”.

Hoy Cury tiene 2 años y 9 meses de edad, pero cuando llegó al albergue que lo rescató apenas tenía semanas de nacido. Alguien lo había dejado abandonado entre la reja y la puerta plegable de la veterinaria que ayuda a la Asociación Vida Digna, uno de los aliados de WUF.

Cuando los empleados de dicha clínica llegaron la mañana siguiente, encontraron a Cury echo una bolita en el pequeño espacio y lo acogieron. Eventualmente, fue llevado al albergue de Vida Digna. Le tomó más de dos años encontrar un hogar, algo que muchos, demasiados perros nunca encuentran.

Julio decidió adoptar y no comprar un perro por la labor social que esto representa, pero también por los sentimientos que genera hacerlo.

“Además de hacer un bien a la comunidad al adoptar un perro rescatado y así dar espacio para que más animales sean rescatados, un perro adoptado te da un cariño especial, de alguna manera son más agradecidos. No sé... yo en Cusco tengo un perro de raza y es muy cariñoso, pero se siente distinto. El saber que has rescatado a un perro que estaba en un albergue tanto tiempo y que ahora vive conmigo... te hace sentir bien”, señala Julio.

Julio y Cury calzan perfecto con ese dicho que reza “Los perros se parecen a sus dueños”, y no solo se cumple en el físico, según Julio también comparten ciertos rasgos de personalidad, como por ejemplo la fascinación por que les rasquen la espalda.

“Siempre me dicen que nos parecemos y cuando la gente lo ve en la calle, me pregunta por su raza, ahí les digo ‘no es de raza, es un perrito que he adoptado’ y aprovecho para promover la adopción y lo mucho que necesitan familia los perros rescatados”, agrega.