Mambo, la mascota de todos

Una vez enfermo y desamparado, hoy este perro tiene papá, mamá y es el alma de una consultora de estrategias digitales

Mambo, la mascota de todos

 

Por Andrea Carrión / WUF

Para Isaías Martínez llegar al Perú significó entrar a un umbral de posibilidades que no encontraba en su país natal, Venezuela. Estaba entusiasmado con el giro profesional, pero a la vez algo inquieto por haber dejado a su familia, hasta que un perro callejero cambió su vida.

Todo empezó hace cinco meses. Una compañera de trabajo de Isaías, Malú Núñez, saliendo de sus clases de inglés se encontró con un perro extremadamente flaco y con un pelaje que alguna vez fue blanco. Ella le habló mientras esperaba el verde del semáforo. Al cambiar la luz, ella cruzó y él se quedó mirándola caminar. Al llegar al otro lado de la calle, ella le hizo señas y él se acercó. Malú sintió tanta pena de sus costillas marcadas que decidió compartir la mitad de su almuerzo con él.

“Y luego, mientras caminábamos hacia la oficina donde trabajo, me fui dando cuenta en lo que me estaba metiendo. Le di agua y decidí subir con él a la oficina hasta resolver qué hacer.

Para suerte del perro, quien fue bautizado como Mambo, la gente que trabaja con  Malú lo recibió muy bien y estuvieron de acuerdo en encargarse de él pues el animal apenas entró a la oficina, se echó en el piso y no se movió más.

Fue como si hubiera quedado exhausto de tanto caminar por las calles, recuerdan algunos. Mambo llegó a las 8 de la mañana y no se movió hasta las 10 de la noche. Ese día varios trabajadores salieron tarde porque la selección peruana jugó un partido de fútbol.

Como no podía pasar la noche solo en la oficina, decidieron llevarlo a una clínica veterinaria para que lo examinaran. Fue ahí que le diagnosticaron erliquia y le recetaron antibióticos por un mes.

Mambo permaneció varios días en dicha veterinaria. Debido a su estado de salud, él no podía estar en contacto con otros perros, por lo que no podía quedarse en un hogar temporal o en un albergue para animales. Así que, durante casi un mes, varias personas costearon las cuentas de su cuidado, hasta que aparecieron dos personas interesadas en adoptarlo.

 

Custodia compartida

Stefany Chávez, quien trabaja con Malú y es amante empedernida de los perros, creció con una perrita cuya muerte le dolió mucho a su mamá, por lo que le costaba mucho tener otro perro.  

“En una de esas dije ‘ahora o nunca’. Me moría de ganas de tener otro perrito. Sin decirle a nadie, me subí a taxi con Mambo y lo llevé a casa. Al llegar mi mamá dijo ‘Stefany, ¿qué has hecho?’, pero a los 5 minutos todos tirados en el piso acariciándolo. Mi papá no estaba muy convencido, pero fue ahí donde aparece Isaías”, recuerda Stefany.

Siete meses atrás, Isaías había salido de Venezuela debido a los problemas políticos y económicos que vive su país.

“Fue bastante curioso porque yo llegaba recién a Perú y me sentí identificado con el caso del perro; él había llegado de algún sitio de donde no podía estar más o de donde lo habían botado. Me sentí tan conectado que me enamoré de él a la hora de conocerlo”, comenta Isaías. “Cuando yo llegué a Lima, estaba perdido, con mi familia lejos y todo... Acá yo no conocía mucha gente como para sentirme en casa, pero entre la empresa Mambo y la compañía de mi perro Mambo, mi estadía viene siendo increíble, ya me siento en casa”.

Hoy en día, Isaías es el adoptante oficial de Mambo, pero lleva una especie de custodia compartida con Stefany, quien lo lleva a casa varios fines de semana o en fechas especiales. Ahora su papá y Mambo son buenos amigos.

“Me encanta cómo este perro de la calle ha venido a unir a tanta gente y a que Isaías y yo tengamos esta linda relación de amigos y de paternidad compartida”, dice Stefany. “Adoptar no es solo tener un perro en casa, es más que eso, es hacerlo parte de tu familia, es rescatarlo. El hecho de saber que le hemos cambiado la vida, de verlo pasar de estar enfermo y raquítico a estar muy feliz... es una gran satisfacción”.