Chloe fue abandonada y hoy transforma vidas

Perrita que dejaron morir en basurero, fue adoptada y hoy ayuda a personas con discapacidad y a perros con problemas

Chloe fue abandonada y hoy transforma vidas

Gracias a su carácter sereno y sumiso, Chloe ha ayudado a muchas personas, tal como se ve aquí durante su visita a niños con Síndrome de Down del centro terapéutico Aprendiendo a Vivir de la Fundación Reina de Quito.

 

Por Andrea Carrión / WUF

Una de las mejores formas de evitar el abandono de mascotas es logrando que sean animales educados y equilibrados. Para eso existen muchos especialistas dedicados a entrenar no solo a perros y gatos, sino también a sus padres humanos.

En el intento, muchas veces estos expertos necesitan de la asistencia de otro animal y es aquí donde entra en escena Chloe.

La seguridad y confianza que hoy en día muestra esta perrita de raza mestiza es fundamental para que Vanessa Vélez logre sus objetivos. Nada comparado al manojo de nervios que era cuando la adoptó.

Hace unos 3 años Vanessa y su entonces novio Francisco Cabezas fueron a una feria de adopción en Ecuador –su país de origen- y se enamoraron de una perrita que posó su cabeza sobre sus piernas. La conexión fue inmediata y decidieron adoptarla, y llamarla Chloe.

Hablando con su rescatista, se enteraron que ella había sido abandonada en la basura con sus dos hermanos. Esto sucedió al sur de Quito. Una persona que iba en un taxi, notó desde la ventana cómo un perrito asomaba su cabecita por la abertura de un saco. Al sacar al cachorro, notó que en el interior había dos más.

Los tres fueron rescatados, alimentados y bien cuidados. Al poco tiempo se recuperaron y fueron puestos en adopción, sin embargo Chloe, la más débil del trío, jalaría serias secuelas emocionales.

“En esa época yo trabajaba en Guayaquil para una multinacional, mundo corporativo, nada que ver con adiestramiento canino. Así que durante un tiempo viajaba todos los fines de semana a Quito, donde estaban Francisco y Chloe”, cuenta Vanessa. “Recién cuando nos casamos y me mudé a Quito, me di cuenta realmente de lo miedosa que era Chloe; no le gustaba caminar en la calle, hacía sus necesidades dentro del departamento, le aterraba ver personas montando bicicleta así fuera a 10 metros suyo... Fue entonces que decidí ayudar a Chloe porque evidentemente no era una perrita feliz”.

Luego de investigar y de enseñarle algunos trucos a Chloe, en el 2014 Vanessa siguió un curso con el especialista Mauricio Dávila. Él, además de entrenar perros en general, este adiestrador ecuatoriano trabaja con ciertos perros con la idea de ayudar a personas con discapacidades físicas y mentales. Fue gracias a él que Vanessa y Chloe empezaron a visitar la escuela Mariana de Jesús para niños invidentes y sordomudos.

“Chloe había cambiado completamente con el adiestramiento y como ella es calmada y sumisa por naturaleza, nos sirvió muy bien con los niños de esa escuela. Pese a que no podían verla, los niños invidentes adoraron a Chloe. Apenas llegamos a la segunda sesión ellos dijeron ‘¡Vino Chloe!’. Con solo escuchar mi voz ellos recordaron que yo tenía una perrita que se llama Chloe, recordaban la suavidad de su pelo”, cuenta Vanessa, hoy especialista en entrenamiento y comportamiento canino.

A partir de ahí Vanessa empezó a ofrecer sesiones particulares y Chloe le es muy útil cuando necesita aplicar ciertas técnicas con otros perros.

En mayo de este año ambas viajaron a Estados Unidos para seguir un curso de 3 meses que les permitiera afinar su habilidad para ayudar a personas y a perros. Además de aprender sobre obediencia, trucos y circuitos de agilidad, Chloe aprendió tareas de perros de servicio como encender la luz, sacar las medias de los pies, meterse debajo de las meses en lugares públicos.

“Esos comandos me ayudan a que ella tenga una estructura más fuerte y así poder orientarla por el lado del servicio, para ayudar a gente en el aspecto emocional", señala Vanessa. "Así como lo hicimos en el centro terapéutico Aprendiendo a Vivir de la Fundación Reina de Quito cuando visitamos a niños con Síndrome de Down. Chloe los ayudó a estimular su parte física por medio del tacto y, además, les dio apoyo emocional”.

Actualmente Vanessa, Francisco y Chloe viven en Lima. Una de sus metas es lograr que más familias disfruten de sus mascotas en lugar de querer deshacerse de ellas ante cualquier problema. La otra es ubicar instituciones que trabajen con personas con discapacidad y que le permitan ingresar con Chloe para ayudarlas.

“Chloe es un ejemplo del tremendo potencial que tiene un perro. Ella no podía ni caminar en la calle del miedo y hoy es un perro feliz, equilibrado, segura de sí misma y ayuda a que otros consigan llegar a ese nivel”, comenta Vanessa. “A veces pienso en la persona que la abandonó y digo ‘ojalá pudiera reconocerla y ver lo que ha logrado, lo estrella que es hoy’. Es una perrita súper inteligente a la que se le dio una segunda oportunidad en la vida y que hoy es ella quien ofrece esa oportunidad”.