“Para mi ellos no son invisibles”

Pese a haber adoptado a una perrita adulta, lesionada y enferma, esta colombiana asegura que es lo mejor que le ha pasado

“Para mi ellos no son invisibles”

Andrea Feldman adoptó a Pancha de 2 años de edad, aproximadamente, luego de que fuera rescatada de un vivero.

“Para mi ellos no son invisibles”

La publicación en la que Vanessa Valcárcel le agradece a Andrea Feldman por adoptar a Pancha.

“Para mi ellos no son invisibles”
“Para mi ellos no son invisibles”

La primera noche de Pancha en su propia cama.

“Para mi ellos no son invisibles”
“Para mi ellos no son invisibles”

 

Por Andrea Carrión / WUF

Quien tiene cuenta en Facebook es testigo del interminable desfile de anuncios sobre mascotas abandonadas, maltratadas o atropelladas en busca de ayuda o de gente que las quiera bien y para siempre.

Normalmente las reacciones que acompañan a estas publicaciones van desde comentarios como “Pobrecito” o “Desgraciados” hasta “Que alguien haga algo” o “Difundido”.

Por más urgente que sea el caso, pocos se animan a dar un paso que los acerque al animal en problemas. Afortunadamente, éste no fue el caso de Pancha Leonidas Feldman.

Pancha es una perrita que tuvo la suerte de que alguien dijera “¡Yo la adopto!”. Su foto había estado dando vueltas varias semanas en redes sociales desde el día en que fue rescatada frente a un vivero en Atocongo, en julio de este año.

Vanessa Valcárcel, su rescatista, andaba por el mercado de plantas, al lado de la Panamericana Sur, cuando vio a esta perrita sucia, evidentemente desnutrida y cojeando de una de sus patas traseras. La subió al carro y la llevó a la clínica veterinaria Pets Life donde el doctor Pedro Ramos la atendió a costo social.

Pancha pasó casi un mes recuperándose en un hogar temporal que cobró 200 soles por su estadía. Esa y el resto de cuentas médicas se cubrieron gracias al apoyo de algunos contactos de Vanessa, pero estos apoyos nunca son eternos y pronto llega la parte más difícil de un rescate: encontrar un hogar permanente.

Felizmente ahí estaba Andrea Feldman, una colombiana dispuesta a recibir a Pancha y llenarla de amor.

“De los 2,500 perros abandonados que veo en Facebook todos los días, este ser me movió el corazón, así que escribí ‘Vanesa, yo la adopto’, sin conocerla en absoluto”, cuenta Andrea, quien en ese momento estaba en Colombia. “Le pedí a Vanessa que la tuviera dos días más mientras yo regresaba a Lima y le pedía permiso a la dueña del departamento que alquilo, quien felizmente dijo ‘Todo bien siempre y cuando no me raye el piso’. Y listo, el 6 de setiembre a las 10 de la noche Pancha Leonidas Feldman se convirtió en mi hija”, agrega.

Al día siguiente la llevó al veterinario; la bañaron, la despulgaron, la desparasitaron, le hicieron análisis de sangre y resultó tener anemia y erliquia, una enfermedad transmitida por la garrapata que de no tratarse puede ser fatal.

Pero la mayor sorpresa fue cuando Andrea se enteró que la lesión en su pata era más seria de lo que pensaba. El golpe que había sufrido le había zafado el fémur de la cadera y éste había soldado mal. La recomendación: operarla y cortarle la cabeza del fémur, una cirugía muy dolorosa.

“Cuando le conté a Vanessa, lo primero que me dijo fue ‘La vas a abandonar, ¿verdad?’ Le aseguré que no lo haría. Ella me explicó que los perros adoptados tienden a venir con algunos problemas y cuando el adoptante ve que no es una historia de Disney, sino que toca encargarse de sanarlo o cuidarlo, pues prefieren botarlos de nuevo a la calle. Pero yo, ¿cómo iba a botarla? La llevé a que le hicieran el riesgo quirúrgico y una semana después la operaron”, cuenta Andrea.

No pasaron ni 10 días para que Pancha caminara con sus cuatro patas. Hoy corre, salta como y juega si nada malo le hubiera pasado. 

Es la primera vez que Andrea adopta a una mascota, pero asistir a animales sin hogar no es novedad para ella. Mientras vivió en Colombia, ayudó buscando casa a perros rescatados, y en Singapur, donde estudió, ayudó en un albergue para perros callejeros, que en ese país son muy maltratados.

“Hacía venta de garaje de artículos que los estudiantes de mi universidad ya no querían y los fondos los donaba al SPCA, la sociedad protectora de animales en Singapur, donde además era voluntaria y paseaba perros”, explica Andrea.

No mucho tiempo después de haber llegado a Lima por motivos de trabajo, Andrea comenzó a ayudar a un albergue en el Callao, de donde amadrina a una perrita llamada Boni.

Mucha gente no entiende qué hace que personas como Andrea y Vanessa salgan de su rutina e inviertan tiempo y dinero para ayudar a un animal en apuros.

“Para mi ellos no son invisibles, son fuente de vida y cariño. Yo agradezco a la vida haber tenido perro de chiquita porque la forma de entregar amor que te da un perro es única. No hay nada que me llene más en el mundo que adoptar a un animal y los que nunca han tenido cariño, lo aprecian mucho”, agrega Andrea.

 

Se estima que en el Perú existen más de 6 millones de perros viviendo en las calles. Si deseas ayudar a que esta cifra empiece a descender, visita wuf.pe/adopta